Colgante de amatista en punta plana envuelta en cordónDisponibilidad: Hay existencias
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El violeta de la amatista tiene un origen curioso: lo crean trazas de hierro dentro del cuarzo, transformadas por la radiación natural, y por eso el calor y la luz intensa pueden aclararlo. En este colgante, la piedra va tallada en punta plana y envuelta en una red de nudos de cordón negro. Es una forma sencilla de llevar amatista tal como es, o de regalársela a alguien nacido en febrero.
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En el siglo XVI, el poeta francés Rémy Belleau inventó un mito para explicarlo: Diana convirtió a la joven Amethyste en piedra blanca para librarla de Baco, y el dios, arrepentido, vertió vino sobre ella y la tiñó de violeta. Suena a mitología clásica, pero es invención de Belleau.
En realidad, la amatista es cuarzo con trazas de hierro, y ese hierro, por sí solo, no la colorea: el violeta aparece cuando la radiación natural le arranca un electrón y se forma un «centro de color», un pequeño defecto del cristal que absorbe parte de la luz. En los cristales en bruto el color suele ser más intenso hacia las puntas y se reparte por zonas; en esta pieza se ven vetas más pálidas sobre un violeta profundo.
Ese defecto se deshace con el calor: calentada a unos cientos de grados, la amatista se vuelve amarilla o anaranjada, y buena parte del citrino que se ve en joyería es en realidad amatista calentada, porque el natural es escaso. La luz intensa y prolongada también puede ir aclarando el tono, y un cambio brusco de temperatura puede llegar a agrietar la piedra. Guárdalo en un cajón o un joyero, no en el alféizar ni en el coche al sol.
Para limpiarlo basta un paño apenas húmedo: el agua tibia con jabón no daña la amatista, pero empaparía la red, que lleva algodón y tarda en secarse.
Vista de frente, la punta es alargada, con los cantos biselados y el vértice hacia abajo. La envuelve una red de cordón negro fino, anudada en rombos y rematada con un nudo en el vértice; arriba forma una lazada forrada de hilo por la que pasa el cordón, más grueso y de aspecto retorcido. Es un trabajo de nudos hecho a mano en la India, de la familia del macramé.
Con el cordón negro, la silueta de la punta se marca bien sobre ropa clara; sobre ropa oscura, lo que resalta es el violeta. Si prefieres la amatista en un formato más de joya, el colgante de punta de amatista con cadena bañada en plata la lleva sobre una montura metálica y con cadena.
Hasta el siglo XIX la amatista se pagaba como el rubí o la esmeralda. Dejó de ser rara cuando se descubrieron los grandes yacimientos de Brasil, donde, igual que en Uruguay, tapiza por dentro geodas de roca volcánica, algunas tan grandes que una persona cabe de pie dentro.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Sí, es amatista, la variedad violeta del cuarzo. Como en toda amatista, el color no es uniforme: esta muestra vetas más claras sobre un violeta profundo, y la intensidad y el reparto del tono cambian de una piedra a otra.
Ha tenido varios, según la época. En la Edad Media, los soldados europeos llevaban amuletos de amatista porque creían que les mantenía la cabeza fría en combate, y a principios del siglo XVI el astrólogo Camillo Leonardi escribió que avivaba la inteligencia y alejaba los malos pensamientos. Hoy se la sigue relacionando con la calma. Son creencias: no le atribuimos ningún efecto.
Los materiales de este colgante son la amatista y el cordón de nailon y algodón. La piedra no lleva montura ni anilla: la sujeta la red de nudos.
El colgante mide 2 x 1 x 4,5 cm y pesa 11 g. El cordón es ajustable, así que tú decides a qué altura cae la punta; en la foto sobre el busto queda a media altura del pecho.
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Colgante de amatista en punta plana envuelta en cordónDisponibilidad: Hay existencias
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