Colgante de ojo de tigre en punta plana con cadena plateadaDisponibilidad: Hay existencias
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La piedra sola, sin figura ni símbolo encima: una barra de ojo de tigre pulida y acabada en punta, con un casquillo plateado del que sale la cadena. Sirve igual a quien busca el ojo de tigre por lo que la tradición le atribuye y a quien solo quiere el color al cuello, sin que parezca un amuleto. Sobre la cara plana, de 4 x 1,5 cm, el marrón dorado y las bandas oscuras se ven enteros, de arriba abajo.
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La barra está pulida y termina en una punta corta, como la mina de un lápiz. Arriba lleva un casquillo con baño de plata rematado en una anilla, y por ahí va la cadena, de unos 45 cm. No hay engaste que tape la piedra: lo que se ve es el ojo de tigre.
Es una pieza unisex: el marrón dorado es un color neutro que no la decanta hacia un lado, y se lleva igual sola que sumada a otras cadenas plateadas. Esta misma barra existe en otras piedras: en cuarzo rosa y en amatista, con las mismas medidas. Y si buscas una piedra con cuerpo en lugar de una barra plana, la punta clásica de cristal de roca mide 3,5 x 1 x 1 cm.
Llevan baño de plata: una capa fina sobre un metal base que no consta. Eso importa si algunos metales te irritan la piel. En bisutería el baño es lo corriente; lo importante es que la pieza no prometa más de lo que es. Con el roce y la humedad esa capa se gasta y deja asomar el metal de debajo.
Bajo el nombre de ojo de tigre hay una mezcla: manda el cuarzo, con limonita y riebeckita, y de esa combinación salen los tonos pardos y amarillentos. Se formó por sustitución: el cuarzo fue ocupando el sitio de la crocidolita —una variedad azul y fibrosa de la riebeckita— conservando su forma, fibra a fibra. De ahí vienen las bandas paralelas y el brillo sedoso que se desplaza al mover la pieza.
Por eso ninguna barra sale igual: el reparto de las bandas y las vetas casi negras cambian de una piedra a otra, y la foto muestra un ejemplo, no una copia de la tuya; en una pulsera de cuentas de ojo de tigre esa variedad se ve de golpe, del miel al casi negro. Las piezas se hacen a mano en la India, así que el tamaño y la forma varían un poco.
El nombre no es casual: vistas de frente, las bandas claras y oscuras recuerdan la pupila de un felino. Ese parecido explica el papel que le ha dado la tradición, que lo relaciona con la protección frente a la envidia y el mal de ojo, en la misma línea que el ojo turco. También se le atribuye ayudar a mantener el foco, y por eso se regala a quien empieza algo con fecha: unas oposiciones, un negocio.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Es ojo de tigre. Lo que se le parece en las imitaciones es el vidrio de fibra óptica, que se fabrica en una gama amplia de colores, muy lejos del pardo dorado y las vetas casi negras de esta piedra. Aquí el reflejo lo producen las fibras paralelas del propio mineral, y por eso el dibujo no se repite de una pieza a otra.
No sabemos si ha recibido algún tratamiento. Sí está documentado qué se le hace a veces a esta piedra: las variedades rojizas se consiguen con calor suave, y las piedras muy oscuras se aclaran con un tratamiento de ácido para igualar el color. El marrón dorado con vetas oscuras es el aspecto por el que se conoce el ojo de tigre, y es el de esta pieza.
No es un colgante grande: la piedra mide 4 x 1,5 x 0,5 cm y el colgante pesa 20 g. Es una barra plana y alargada, así que de frente se ve estrecha y apenas levanta de la ropa. La punta clásica de cristal de roca de la misma colección (3,5 x 1 x 1 cm) es más corta y tiene más cuerpo.
Es unisex. No lleva ningún motivo que lo decante hacia un lado, y el marrón dorado combina igual con ropa de hombre o de mujer.
Quienes usan cristales le atribuyen protección frente a la envidia y ayuda para no dudar cuando toca decidir. Es lo que dice la tradición, no algo que haga la piedra.
Mejor quitárselo. El sudor y el cloro atacan el baño de plata del casquillo y de la cadena, que es la parte que antes se estropea; si se moja, pásale un paño seco antes de guardarlo. Y guárdalo aparte de otras piezas: con 6,5 a 7 en la escala de Mohs, la piedra es más dura que cualquier baño y puede arañarlo.
Quien sigue esa costumbre suele dejar las piedras en agua o en sal, y aquí es justo lo que no conviene: el casquillo y la cadena llevan baño de plata, y el agua salada se lo come. Si quieres mantener el gesto, deja el colgante un rato al aire o con luz indirecta y pásale después un paño seco. La piedra no necesita nada más.
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