Cuenco de madera de mango con luna para altar y ofrendasDisponibilidad: Hay existencias
| Cantidad | Descuento |
|---|---|
| 2 | 11,43 € |
| 3 + | 10,83 € |
12,03 €
Quien sigue las fases de la luna suele tener un rincón que cambia con ellas: una vela en luna nueva, los cristales en la ventana cuando está llena. Este cuenco de madera de mango, con una media luna negra en el costado, es para lo que se queda en ese rincón sin arder: cristales, hierbas secas, una nota escrita o la salvia cuando ya está fría.
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Como cambia de forma a lo largo del mes, la luna se ha asociado durante siglos con los ciclos, el cambio y la renovación. Entre quienes usan cristales es costumbre dejarlos junto a la ventana una noche de luna llena, y un cuenco los mantiene juntos y evita que rueden por la repisa hasta la mañana. Otras personas lo tienen como bandeja de intenciones: una nota escrita en luna nueva que se retira cuando la luna vuelve a estar llena.
Por fuera se ve la veta de la madera y un surco que divide el cuenco en dos bandas; la media luna, marcada en negro, queda en la de arriba. Por dentro es liso. Al ser madera, el tono y el dibujo de la veta no se repiten de un cuenco a otro.
Si ya tienes en el altar el cuenco del pentáculo, este comparte con él madera y forma, y cambia el símbolo: un regalo que encaja sin repetir lo que ya hay.
Por bonita que quede la veta, la madera arde: un carbón, un cono de incienso o una brasa de salvia la chamuscan y pueden llegar a prenderla. Lo que se enciende va antes a un soporte resistente al calor; aquí llega cuando ya no queda ni una brasa.
Es una pieza de altar, no de cocina, así que la comida tampoco es lo suyo. En las fotos lo acompañan un atado de salvia, unas hojas y un elefante: son atrezo y no van en el pedido.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Uno pequeño, sí: en las fotos queda dentro con la punta apoyada en el borde. Los atados largos sobresalen más, pero el cuenco los sostiene igual una vez apagados.
Mejor déjalo dentro, pegado al cristal. La humedad de la noche y la lluvia hinchan la madera y, con el tiempo, la abren. Para limpiarlo, un paño seco; ni remojo ni lavavajillas.
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