Colgante ovalado de opalita con alambre entrelazadoDisponibilidad: Hay existencias
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Hay colgantes que piden ropa oscura, y este es uno: sobre negro o azul marino, el óvalo de opalita se ve de un azul pálido de agua clara, y al moverte asoma un reflejo cálido en el borde. Es vidrio opalescente, no ópalo. Lo abraza un entrelazado de alambre plateado y cuelga de una cadena de unos 50 cm.
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La opalita se fabrica precisamente para imitar dos piedras muy deseadas: el ópalo lechoso y la piedra luna, con su reflejo azulado que parece flotar dentro. No llega a igualarlas, porque no tiene los destellos de colores del ópalo ni la luz que se desliza por la piedra luna al girarla, pero consigue un efecto propio: una translucidez blanca que se tiñe de azul pálido sobre fondos oscuros y saca un tono cálido cuando le da la luz de frente. Es vidrio, aunque en muchas tiendas aparezca como «ópalo de agua».
Pulida en óvalo, como aquí, la superficie lisa reparte ese color de forma uniforme, sin las aristas ni los cambios bruscos de una piedra en bruto. Es la versión más serena de la opalita.
No hay garras ni bisel. La piedra va sujeta por varios hilos de alambre plateado que suben desde la base y se cruzan en arcos superpuestos sobre la mitad inferior, como un encaje de metal; arriba, a cada lado del asa, el alambre acaba en dos rizos simétricos. Entre arco y arco queda libre la mitad superior de la opalita, la que recoge la luz.
Es un diseño de aire romántico, con algo de joya antigua. Existe también con cuarzo rosa, para quien prefiera una piedra natural en tono rosado.
Puesto, el óvalo cae a media altura del pecho, por debajo de un escote redondo o en pico. Sobre un vestido negro o un punto azul marino es donde más se luce el azul de la opalita; con blanco o beige pierde contraste y se queda en un brillo lechoso discreto, más de diario. No necesita compañía: unos pendientes pequeños plateados bastan.
Alambre y cadena son de cobre con baño de plata. Ese baño es la parte que se desgasta, así que reserva el colgante para salir y no para la piscina o el gimnasio.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Bastante. Al ser un vidrio fabricado, su color es más regular que el de una piedra natural. Lo que cambia es cómo se ve: más azul sobre ropa oscura y con poca luz, más blanca y cálida al sol o sobre tonos claros.
Al vidrio el agua no le hace nada, pero al baño de plata sí: el cloro, la sal y el jabón lo gastan antes de tiempo. Quítatelo para la ducha, la playa y la piscina, y sécalo si se moja.
Sí, sobre todo con un vestido liso y oscuro, donde la opalita se ve más azul. El óvalo y el alambre trabajado le dan aire de joya de ocasión sin resultar recargado.
En la tradición de los cristales, la opalita se relaciona con la calma y la paz interior. Hay quien la elige por eso; a quien la quiere por su luz le basta con verla puesta.
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