Colgante de ágata negra en punta clásica con cadenaDisponibilidad: Hay existencias
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Un colgante negro es de esas piezas que se ponen sin pensar: con una camisa blanca, un jersey de cuello redondo o un vestido de punto. Esta punta de ágata negra pulida añade algo más que color, porque la tradición de los cristales la tiene por piedra de protección y de pies en el suelo. Sobria, con su casquillo plateado y la cadena incluida.
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La talla es la de un cristal de cuarzo: un prisma alargado de 3,5 x 1 x 1 cm que acaba en punta, con un casquillo con baño de plata y una anilla arriba. En negro, la forma se lee con más fuerza que en las piedras claras, porque las aristas marcan líneas de brillo sobre un fondo oscuro.
Es una pieza de fondo de armario. El negro con plata no compite con nada, sirve para la oficina y para la noche, y queda bien sola o junto a otra cadena fina. La misma talla existe en cristal de roca: transparente, justo lo contrario de esta.
El ágata no es un mineral único, sino un grupo de variedades microcristalinas de cuarzo que suelen formar bandas concéntricas. Su nombre viene del río Achates, el actual Dirillo, en el sur de Sicilia, donde según la tradición se hallaron las primeras. Tiene una dureza de 6,5 a 7.
El negro profundo y uniforme tiene su propia historia: desde la Antigüedad se intensifica el color del ágata hirviéndola en soluciones azucaradas y tratándola después con ácido, para que el azúcar absorbido se carbonice dentro de la piedra. Plinio el Viejo ya describía estas técnicas, y hoy la mayor parte del ónix negro que se vende es ágata tratada así. Es una práctica normal en joyería y la piedra sigue siendo ágata.
Para quien cree en las piedras, el ágata negra se asocia con la protección, la estabilidad y tener los pies en el suelo. Ya en la Antigüedad el ágata se llevaba como amuleto, y en la tradición árabe los anillos de ágata se asociaban con la protección. Hay quien la elige con esa idea en una etapa de mucho ruido alrededor; quien no, se queda con un negro sobrio que combina con todo.
Para mantenerla, basta un paño seco sobre la piedra; el casquillo y la cadena, con baño de plata, mejor lejos del agua y del perfume.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Son parientes: los dos son calcedonia, una variedad de cuarzo. En joyería, el nombre de ónix negro se usa a menudo para el ágata negra, así que la diferencia suele ser más de nombre que de material.
En el ágata negra es habitual que el color se consiga o se intensifique con un tratamiento de azúcar y ácido, una técnica que ya se usaba en época romana. Cuenta con ello: la piedra es ágata y su negro puede no ser el de origen.
La tradición de los cristales la asocia con la protección, la estabilidad y la calma en momentos de presión. Hay quien la lleva por eso y quien solo por el color; el efecto no está demostrado.
No. El casquillo, la anilla y la cadena de unos 45 cm llevan baño de plata, una capa fina sobre otro metal que se desgasta con la humedad y el roce.
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