Pendientes largos de espiga en vidrio color perlaDisponibilidad: Hay existencias
18,00 €
Una espiga blanca de 8,5 cm que baja desde el lóbulo casi hasta la línea de la mandíbula, pensada para un día en que todo va de blanco y todo se mira de cerca. Son pares de hojas de vidrio color perla, unidas en cuatro tramos articulados, que se mueven un poco con cada gesto y recogen la luz en sus facetas.
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Que la novia vista de blanco es una costumbre más reciente de lo que parece. Antes de la época victoriana, en Occidente se podía ir al altar de casi cualquier color salvo el negro, reservado al luto, y el rojo. El blanco se impuso a partir de 1840, cuando la reina Victoria lo eligió para casarse con Alberto de Sajonia-Coburgo y el retrato oficial de aquella boda circuló por medio mundo. Desde entonces, encontrar joyas que acompañen ese blanco forma parte de los preparativos.
Estos pendientes encajan ahí por color y por forma. El blanco perla es lechoso, no un blanco óptico, y por eso se entiende con los marfiles y los crudos de muchos vestidos sin hacerles sombra. La espiga, además, dibuja una línea vertical junto al cuello, que es lo que consiguen los pendientes largos que alargan visualmente el rostro. Con un escote de pico o palabra de honor, y sin collar, no hace falta nada más.
La costumbre de llevar algo viejo, algo nuevo, algo prestado y algo azul viene de una rima inglesa documentada en Lancashire en el siglo XIX, y en ella lo nuevo representa el optimismo ante la etapa que empieza. Una joya estrenada para la ocasión es la manera más sencilla de cumplirla, y el dibujo de estos pendientes, hojas talladas sobre una montura en tono dorado, tiene un aire de joyero antiguo que acompaña bien a un vestido de corte clásico. Si lo que te falta es el algo azul, la misma idea de hojas en cascada está en los pendientes largos de cristal azul con hojas.
Junto al poste, tres hojas forman un pequeño trébol. De ahí sale la espiga: pares de hojas facetadas, cada vez más pequeñas, repartidas en cuatro tramos unidos por anillas, así que la pieza acompaña el movimiento de la cabeza en vez de ir rígida. El vidrio deja un reflejo nacarado en cada faceta; bajo una luz cálida de salón se ve más blanco y a pleno sol tira a gris perla.
Son pendientes de bisutería, de vidrio y acero inoxidable, sin perlas ni plata. El día de la boda, lo práctico es dejarlos en su cartón hasta el momento de vestirte, para que las hojas no rocen con nada, y después guardarlos por separado del resto de joyas.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
No. «Perla» es el nombre del color, un blanco lechoso con reflejo nacarado. Las hojas son de vidrio y la estructura, de acero inoxidable.
Cada pendiente pesa como máximo 10 g, lo normal en un pendiente largo con volumen: se nota más que un botón. Si no sueles llevarlos largos, pruébatelos en casa algún día antes de la boda.
Sí. El blanco perla queda bien con un vestido azul marino, negro o verde botella, y en una boda de tarde puede ser el único complemento que lleves.
Mientras sigan sujetos a su cartón, tienes 14 días para desistir de la compra. Si los has sacado para probártelos, por higiene ya no se admite el desistimiento, aunque un defecto o un error en el pedido se resuelven igual. Lo tienes todo en nuestra política de devoluciones.
No te lo podemos asegurar. Poste y montura son de acero inoxidable, y algunas aleaciones de este acero llevan algo de níquel. Si reaccionas a la bisutería, el día de la boda no es el día para arriesgarse.
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