Pendientes de plata de ley 925 y abalón con flor de frangipaniDisponibilidad: Hay existencias
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Si has estado en Bali, reconocerás la flor: el frangipani de las ofrendas, el que se deja cada mañana en los altares y en las puertas. En estos pendientes aparece calado en plata de ley 925, en el centro de un disco rodeado de concha de abalón que cambia de verde a azul con la luz. Están hechos a mano en Bali.
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En Bali está por todas partes: en el suelo de las tiendas al abrir por la mañana, en los escalones de las casas, sobre los altares de los templos. Es la flor de frangipani, que los balineses llaman jepun, y casi nunca falta en los canang sari, las pequeñas cestas de hoja de palma con flores, arroz e incienso que se ofrecen cada día a los dioses en señal de gratitud. Allí se la asocia a la pureza y a la devoción.
Y aunque hoy parezca tan balinesa, no es una flor asiática. El frangipani es una plumeria, un árbol originario de las zonas tropicales de América, con flores de cinco pétalos que se abren en espiral, como un molinillo de papel, y que con el tiempo se extendió por todo el trópico. Esa forma es la que reproducen estos pendientes, calada en plata en el centro de cada uno.
Cada pendiente es un disco de plata de ley 925 con un anillo de concha de abalón incrustado, dividido en segmentos, y la flor de frangipani en relieve en medio. El abalón, que también se conoce como oreja de mar, es un molusco cuyo interior está cubierto de nácar irisado, y en estos pendientes da reflejos verdes, azules y rosados que cambian según les da la luz. Al ser una concha natural, el reparto de colores no se repite de un par a otro. Cuelgan de un gancho y miden 3,5 x 2 cm, con un peso de 7 g el par.
Por tamaño, son pendientes para el día que se ven sin llegar a ser grandes, y lucen con un escote despejado, un vestido blanco o una blusa de algodón. Si te gusta la combinación de plata y abalón con otro motivo de la naturaleza, los pendientes de plata 925 y abalón con libélula calada son de la misma colección.
El nácar es carbonato de calcio, el mismo material que las perlas, y los ácidos lo apagan: el perfume, la laca y el sudor le quitan brillo con el tiempo. Pon los pendientes al final, cuando ya te hayas perfumado. La plata, en cambio, se oscurece con el aire; un paño de pulir para plata la devuelve a su color, pasándolo solo por el metal. Si te preguntas por qué cambia de color, lo explicamos en por qué se oscurecen las joyas. En el joyero, guárdalos en un compartimento propio: el metal de otras piezas raya la concha.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Sí: la montura y la flor son de plata de ley 925, el mismo metal por dentro y por fuera. Por eso, cuando se oscurecen con el tiempo, basta pulirlos para que recuperen el brillo.
Es la flor de la plumeria, un árbol tropical de cinco pétalos en espiral. En Bali se llama jepun y se coloca en las ofrendas diarias de los templos y de las casas.
Tendrá los mismos verdes y azules irisados, pero la concha es natural y el color se reparte de otra manera en cada segmento, así que tu par será parecido, no idéntico.
Son de tamaño mediano: 3,5 x 2 cm, con un disco que se ve bien sin resultar aparatoso. Pesan 7 g el par, unos 3,5 g cada pendiente.
Para esa persona tiene un sentido especial: es la flor de las ofrendas, hecha a mano en la isla, en plata y concha. Llevarlos puestos es una forma de volver allí un rato.
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