Péndulo de orgonita con amatista y cadena de siete cuentas de coloresDisponibilidad: Hay existencias
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Lascas de amatista suspendidas en resina transparente, con virutas de metal brillando entre ellas: así es por dentro este péndulo de orgonita. La amatista es la piedra que la tradición de los cristales asocia con la calma y la intuición, y aquí se ve entera, en una punta facetada de 3,5 cm que cuelga de una cadena con siete cuentas de colores.
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La orgonita es una mezcla de resina y virutas de metal que se vierte en un molde, y a la que se añaden piedras antes de que endurezca. En este péndulo la piedra es amatista, el cuarzo de color violeta, partida en lascas que llenan casi todo el cono; el metal asoma entre ellas en puntos de tono cobrizo y la base facetada queda transparente. Como cada pieza se vierte a mano, la cantidad de lascas y la forma en que se reparten cambian de un péndulo a otro.
El nombre viene del «orgón», la energía vital que el psicoanalista Wilhelm Reich describió en los años treinta. Reich construía cajas que alternaban capas de material orgánico y metal, y la orgonita repite esa idea en pequeño: quienes la usan creen que ordena la energía del lugar donde está. A eso se suma la amatista, la piedra que en la tradición de los cristales se deja en la mesilla o en el escritorio para buscar calma y escuchar la intuición.
Las piezas de esta colección se hacen en Khambhat, una ciudad de Gujarat, en la India, con fama de taller de ágata y cornalina. Es un péndulo corto y ligero, fácil de sostener aunque nunca hayas tenido uno.
Para jugar con él, apoya el codo en la mesa, coge la cuenta transparente del extremo y espera a que la punta se quede quieta. Cuando empiece a trazar círculos o a ir y venir, lo que ves es tu propio pulso agrandado por la cadena, aunque no notes que la mano se mueve. Es un juego para pensar en voz baja.
Para limpiarlo, un paño suave; si hace falta, apenas húmedo con jabón neutro, y sécalo enseguida. Sin estropajos, disolventes ni remojo, que dañan la resina y las anillas.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Sí, amatista, la variedad violeta del cuarzo, partida en trozos pequeños y sumergida en la resina. Al ir encapsulada se ve entera, pero no se toca la piedra directamente.
Son siete cuentas de colores, del violeta al rojo como en la escala de los chakras, y una transparente al final para sujetarlo. Su material no consta, así que no les damos nombre de piedra.
No está pensado para eso: la cadena es la de un péndulo, para sostenerla con los dedos, no para llevarla puesta horas. Si quieres amatista encima, el colgante de amatista en punta con cadena bañada en plata sí es una joya.
El mismo modelo, con lascas de amatista en resina, pero no idéntico: al verterse a mano, la densidad de lascas y el reparto del metal varían de una pieza a otra.
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