Colgante de manos con esfera de ágata negra y cadenaDisponibilidad: Hay existencias
24,05 €
Hay etapas en las que lo único que pides es algo firme a lo que agarrarte. Este colgante lo dice con un gesto: dos manos plateadas que sujetan una esfera de ágata negra, la piedra que la tradición de los cristales asocia con la estabilidad y la protección. Sobrio, sin colores que expliquen nada, para llevarlo en un momento duro o para regalárselo a quien lo está pasando.
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Arriba, la anilla de la cadena y un pequeño cabujón blanco; debajo, dos manos con baño de plata que encierran una esfera de ágata negra pulida. El negro hace que se vea primero la silueta de las manos, y la bola refleja la luz como un espejo pequeño. Mide 3,5 x 2 x 2 cm y viene con una cadena de unos 45 cm.
El diseño se hace en varias piedras: la esfera de cristal de roca es transparente y luminosa; esta, en cambio, es la más discreta de la familia, la que pasa por una joya sobria antes que por un amuleto.
Quien trabaja con cristales relaciona el ágata negra con la estabilidad, con tener los pies en el suelo y con protegerse de lo que pesa alrededor. Hay quien la lleva con esa intención en momentos concretos: una separación, una temporada de cuidar de un familiar, un cambio que no ha elegido. El gesto es sencillo, cerrar la mano sobre la esfera un momento y respirar.
Como regalo es un «estoy aquí» que no necesita tarjeta. Y para quien no busca ningún significado, es una joya negra y plateada que no desentona ni en la oficina.
Sin teñir, el ágata suele mostrar bandas; un negro tan liso y profundo como el de esta esfera se consigue normalmente con un tratamiento de azúcar y ácido que ya se usaba en época romana, y por eso aquí no se ve ninguna veta. El material es el mismo: cuarzo microcristalino, de dureza 6,5 a 7.
Cada colgante se hace a mano y la esfera cambia un poco de tamaño. Para limpiarlo basta un paño seco: el negro pulido deja ver las huellas, y así no mojas el baño de plata de las manos.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
En la tradición de los cristales se asocia con la estabilidad, la protección y la calma en momentos de presión. Es una creencia, y hay quien lleva este colgante solo por el contraste del negro con la plata.
Puede serlo, porque el gesto de las manos se entiende como apoyo sin tener que explicarlo. Es sobrio y no tiene colores alegres que desentonen con un momento triste.
Tiene una dureza de 6,5 a 7, así que la raya lo que es igual de duro o más: otra piedra de cuarzo, un diamante o la arena, que lleva cuarzo. Guárdala separada de otras piedras y déjala en casa el día de playa.
Porque en el ágata negra de joyería lo habitual es teñir la piedra para conseguir ese negro profundo, una técnica que ya se usaba en época romana. El tinte cambia el color, no la piedra.
No, llevan baño de plata, una capa fina sobre otro metal que la humedad, el sudor y el perfume van gastando con el tiempo.
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