
Cincuenta y seis de las setenta y ocho cartas de una baraja de tarot son arcanos menores. Son más del setenta por ciento del mazo. Y son, con diferencia, las que más gente se salta.
Se entiende: los arcanos mayores tienen nombre propio y una imagen que impresiona. El Cuatro de Oros, no. Pero aprenderse los cuatro palos es el atajo real del tarot, porque con el palo y el número ya tienes media carta leída sin haber memorizado nada.
Los cuatro palos del tarot, uno por uno
Catorce cartas cada uno: del as al diez, más cuatro figuras.
Copas. Lo que se siente. Relaciones, vínculos, estados de ánimo, lo que te mueve por dentro.
Oros (también pentáculos, discos o monedas, según la baraja). Lo material y lo concreto: dinero, trabajo, casa, salud, lo que se puede contar.
Espadas. La cabeza. Pensamientos, palabras, decisiones, conflictos, verdades que cortan.
Bastos (o varas). La energía y la acción. Proyectos, impulso, iniciativa, lo que empuja.
Es la atribución que siguen casi todas las guías; ha habido otras, pero no las vas a encontrar.
Los números, que son la otra mitad
El número dice en qué punto está lo que el palo señala. Esta es la versión corta que usa casi todo el mundo:
- As: la semilla. Algo que empieza, todavía en potencia.
- Dos: la pareja, la elección, el equilibrio entre dos cosas.
- Tres: lo que crece, el primer resultado visible.
- Cuatro: la estabilidad, para bien y para mal; también el estancamiento.
- Cinco: el conflicto, la pérdida, lo que se rompe. Los cinco son incómodos en los cuatro palos.
- Seis: la recuperación, el movimiento después del golpe.
- Siete: la prueba, la evaluación, lo que hay que sostener.
- Ocho: el trabajo, el ritmo, el avance.
- Nueve: casi el final, con lo bueno y lo pesado que eso tiene.
- Diez: el cierre del ciclo, lleno hasta arriba.
Combínalo. Cinco de Oros: una pérdida en lo material. Tres de Copas: algo afectivo que crece. Ocho de Bastos: acción en marcha y a buen ritmo. Ya estás leyendo, y no te has aprendido nada.
Las cuatro figuras
Sota o paje, caballo, reina y rey. Hay dos maneras de leerlas y las dos son válidas:
Como personas: alguien de tu entorno con ese carácter. La Reina de Copas es quien sostiene emocionalmente; el Caballo de Bastos, quien se lanza sin pensar.
Como etapas: la sota aprende, el caballo se lanza, la reina sostiene, el rey domina. Leído así, una figura habla de en qué punto estás tú con ese asunto.
Si dudas, prueba primero la segunda. Buscar a qué persona del entorno corresponde cada figura suele llevar a forzar la lectura.
Hay una excepción que conviene conocer: no todas las barajas dibujan escenas en los arcanos menores. Las de patrón antiguo representan el Cinco de Oros como cinco monedas colocadas en un dibujo, sin personajes ni acción. Con esas, el palo y el número no son un atajo: son lo único que tienes.
De dónde salen los palos
De la baraja de cartas corriente. Antes de que existiera el tarot ya había barajas de cuatro palos en Europa, llegadas desde el mundo islámico en el siglo XIV, y la baraja española conserva esos mismos cuatro: copas, oros, espadas y bastos.
El tarot, que aparece en el norte de Italia a mediados del siglo XV, no inventó los palos: les añadió los veintidós triunfos, que son los arcanos mayores. Durante más de tres siglos todo aquello fue un juego de cartas con sus reglas.
Por eso una baraja española y los arcanos menores del tarot se parecen tanto: son parientes directos.
Por qué cada baraja los llama distinto
Oros, pentáculos, discos, monedas. Bastos, varas, bastones. Son el mismo palo con nombres distintos según la tradición que siga la baraja y la traducción del librito. No cambia el significado.
Esto importa al comprar: si vienes de leer un libro que habla de pentáculos y tu baraja dice oros, no te has equivocado de mazo. Conviene saberlo antes para no volverse loco, igual que al elegir la primera baraja.
Cuando un palo domina la tirada
Es una de las informaciones más útiles del tarot y no requiere saberse ninguna carta. Si en una tirada de tres salen dos de oros, o si una Cruz Celta se llena de espadas, eso ya es una lectura.
Muchas espadas suelen indicar que el asunto está ocurriendo sobre todo en la cabeza: vueltas, conversaciones, decisiones no tomadas. Muchas copas, que el peso real es emocional aunque la pregunta fuera práctica. Muchos oros llevan la cuestión a lo concreto. Y muchos bastos hablan de movimiento y de prisa.
La ausencia también cuenta: una tirada sobre una relación en la que no sale ni una copa llama la atención. Nada de esto predice nada: es una convención de lectura que ayuda a ordenar lo que tienes delante.
El ejercicio que funciona
Separa los cincuenta y seis arcanos menores y extiéndelos sobre la mesa por palos, en orden: los catorce de copas en una fila, los de oros debajo, y así.
Míralos un rato. Vas a ver cosas que no se ven carta a carta: que los cincos son incómodos en los cuatro palos, que los dieces son plenos, que hay un recorrido claro del as al diez. En media hora se ve el sistema entero, que es lo que no se ve consultando el librito carta por carta.
Para la tirada de tres cartas, empieza por aquí; las barajas y los tapetes están en tarot y adivinación.
Preguntas frecuentes
Copas es lo que se siente: relaciones, vínculos, estados de ánimo, lo que te mueve por dentro. Oros —también llamados pentáculos, discos o monedas según la baraja— es lo material y concreto: dinero, trabajo, casa, salud, lo que se puede contar. Espadas es la cabeza: pensamientos, palabras, decisiones, conflictos. Y bastos, también varas, es la energía y la acción: proyectos, impulso, iniciativa. Esta atribución es la más extendida y la que siguen la mayoría de guías, aunque no sea la única que ha existido.
Catorce: del as al diez, más cuatro figuras, que suelen ser sota o paje, caballo, reina y rey. Los cuatro palos suman así cincuenta y seis cartas, los arcanos menores, que son más del setenta por ciento de una baraja de setenta y ocho. Las veintidós restantes son los arcanos mayores, las cartas con nombre propio. Que los menores sean mayoría y a la vez las cartas que más gente se salta es precisamente lo que hace que aprender los palos sea tan rentable.
El palo dice de qué área se habla y el número dice en qué punto está. En la versión más extendida, el as es la semilla, el dos la elección o el equilibrio, el tres lo que crece, el cuatro la estabilidad o el estancamiento, el cinco el conflicto y la pérdida, el seis la recuperación, el siete la prueba, el ocho el trabajo y el ritmo, el nueve casi el final y el diez el cierre del ciclo. Combinando las dos cosas ya estás leyendo: Cinco de Oros es una pérdida material y Tres de Copas, algo afectivo que crece.
De dos maneras, y las dos son válidas. Como personas de tu entorno con ese carácter: la Reina de Copas sería quien sostiene emocionalmente y el Caballo de Bastos quien se lanza sin pensar. O como etapas: la sota aprende, el caballo se lanza, la reina sostiene y el rey domina, de modo que la figura habla de en qué punto estás tú con ese asunto. Si dudas, prueba primero la lectura por etapas, porque buscar a qué persona concreta corresponde cada figura suele acabar forzando la interpretación.
Porque son nombres distintos del mismo palo, según la tradición que siga la baraja y la traducción de su librito. Oros, pentáculos, discos y monedas son lo mismo, igual que bastos, varas y bastones. El significado no cambia en absoluto. Conviene saberlo antes de empezar para no volverse loco: si vienes de leer un libro que habla de pentáculos y tu baraja dice oros, no te has equivocado de mazo ni estás ante dos sistemas diferentes.
Son parientes directos. Antes de que existiera el tarot ya circulaban por Europa barajas de cuatro palos, llegadas desde el mundo islámico en el siglo XIV, y la baraja española conserva exactamente esos cuatro: copas, oros, espadas y bastos. El tarot, que aparece en el norte de Italia a mediados del siglo XV, no inventó los palos: les añadió los veintidós triunfos que hoy llamamos arcanos mayores. Durante casi trescientos años, todo aquello fue un juego de cartas con sus reglas.
Sí, y no pasa por el librito. Separa los cincuenta y seis arcanos menores y extiéndelos sobre la mesa por palos y en orden: los catorce de copas en una fila, los de oros debajo, y así con los cuatro. Míralos un rato seguido. Verás cosas que no se aprecian carta a carta, como que los cincos resultan incómodos en los cuatro palos, que los dieces están llenos hasta arriba o que hay un recorrido claro del as al diez. En media hora entiendes el sistema entero.









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