
Tienes la baraja encima de la mesa, todavía con el celofán. Setenta y ocho cartas, un librito de instrucciones que se lee en diez minutos y la sensación de que te falta algo antes de empezar. No te falta nada: una primera tirada se hace con tres cartas y un rato tranquilo.
Esto es lo que hay que saber para hacer tu primera tirada de tarot, sin cursos ni ceremonias. Y, al final, lo que conviene tener claro sobre qué es exactamente lo que estás haciendo.
Qué tienes en la mano
Una baraja de tarot son 78 cartas repartidas en dos grupos. Los 22 arcanos mayores son las figuras con nombre que todo el mundo reconoce: el Loco, la Luna, la Muerte, el Mundo. Los 56 arcanos menores funcionan como una baraja normal: cuatro palos (copas, oros o pentáculos, espadas y bastos) de catorce cartas cada uno, con diez numeradas y cuatro figuras de corte.
La palabra arcano viene del latín arcanum, «secreto». No la usaban los jugadores de cartas: la popularizaron los ocultistas franceses del siglo XIX, que fueron quienes convirtieron un juego en un sistema de lectura.
Antes de la primera tirada: tres minutos de preparación
- Quítale el celofán y mira las cartas una a una. Sin leer significados. Solo mirarlas. Es la única manera de que después te digan algo: vas a trabajar con imágenes, y necesitas haberlas visto.
- Busca una superficie y una hora. Un tapete no es imprescindible, pero evita que las cartas se rayen y marca el espacio. Diez minutos sin móvil valen más que cualquier ritual.
- Escribe la pregunta. En una libreta, con sus palabras. Este paso parece tonto y es el que más cambia el resultado.
La tirada de tres cartas, paso a paso
- Baraja mientras piensas en la pregunta. El tiempo que te pida el cuerpo. No hay un número correcto de veces.
- Corta el mazo con la mano izquierda, si sigues la costumbre más extendida, y vuelve a montarlo.
- Saca tres cartas de arriba y colócalas de izquierda a derecha, boca abajo.
- Dales la vuelta de una en una y mira la imagen antes de buscar el significado en el libro. ¿Qué está pasando en la escena? ¿Hay alguien de espaldas, alguien mirando atrás, algo que cae?
- Ahora sí, lee el librito y compara lo que dice con lo que habías visto.
- Escribe en la libreta las tres cartas y una frase. Una sola. Es lo que hace que esto sirva para algo dentro de un mes.
Las tres posiciones se leen como quieras, siempre que lo decidas antes: pasado, presente y futuro es la combinación más repetida, pero situación, lo que puedo hacer, hacia dónde va suele dar lecturas más útiles, porque te pone a ti en el medio.
Qué preguntar (y qué no)
Las preguntas cerradas dejan la tirada muerta: «¿me llamará?» solo admite sí o no, y una imagen no contesta eso. Las preguntas abiertas la abren: «¿qué no estoy viendo de esta situación?», «¿qué estoy alimentando sin darme cuenta?», «¿qué pasaría si dijera que no?».
Y hay preguntas que conviene no hacerle a una baraja: las de salud, las de dinero serio y las que afectan a terceros. No porque esté prohibido, sino porque la respuesta que saques de ahí no es información, y actuar sobre ella sí tiene consecuencias.
Los errores de las primeras semanas
- Tirar varias veces la misma pregunta. Si la respuesta no gusta y se repite la tirada, no se busca una respuesta: se busca una respuesta concreta. Una pregunta, una tirada, y si quieres volver a ella, deja pasar unos días.
- Leer carta por carta como si fueran palabras sueltas. Las tres se leen juntas: cambia por completo lo que dice una espada según lo que haya a su lado.
- Buscar el significado antes de mirar el dibujo. Es el error que más frena. El libro dice lo que la carta significa para su autor; la imagen dice lo que te está diciendo a ti hoy.
- No apuntar nada. Sin libreta, a los dos meses no recuerdas qué saliste ni qué entendiste, y se pierde lo único que de verdad enseña.
Cuando quieras más: la Cruz Celta
Es la tirada larga más conocida y la publicó Arthur Edward Waite en The Pictorial Key to the Tarot, la edición ilustrada que Rider puso en circulación a finales de 1910 con fecha de 1911, donde la presentaba como un «antiguo método céltico de adivinación». Los historiadores coinciden en que ni es antigua ni es particularmente céltica: probablemente la aprendió en la Golden Dawn, la orden ocultista londinense de la que formaba parte. Despliega una decena de cartas alrededor de una cruz central y da una lectura mucho más detallada, pero no tiene ningún sentido empezar por ahí: con diez cartas delante y tres semanas de práctica, lo normal es no saber por dónde entrar.
Qué estás haciendo exactamente
Aquí conviene ser claro, porque se cuentan muchas cosas. El tarot nació en la Italia del siglo XV como juego de cartas, no como oráculo: los primeros documentos conocidos son de hacia 1440 y las barajas más antiguas que se conservan son unas quince de los Visconti-Sforza. Hasta donde se sabe, no se usa para adivinar hasta finales del siglo XVIII, en París: Court de Gébelin en 1781 y Etteilla pocos años después. Las teorías sobre un origen egipcio milenario son del siglo XVIII y no tienen ningún fundamento; el propio Waite las rechazaba.
Y no hay ninguna evidencia de que las cartas predigan nada. Sí está bien documentado, en cambio, por qué una lectura genérica parece tan personal: en 1948 el psicólogo Bertram Forer dio a 39 alumnos el mismo perfil de personalidad, copiado de un libro de astrología de quiosco, haciéndoles creer que era individual. La nota media que le pusieron en exactitud fue de 4,3 sobre 5. Todos leían lo mismo.
Lo cual no significa que no sirva. Significa que lo que hace la tirada es ponerte delante una imagen y obligarte a decir en voz alta lo que ves, que es una forma bastante eficaz de enterarte de lo que piensas. Mucha gente lo usa así, y el dato más honesto que hay sobre esto es que la mayoría de quienes consultan el tarot dicen hacerlo por entretenimiento.
Con esa idea, empezar cuesta poco: una baraja clásica con libro guía sale por 9,95 € y es todo lo que necesitas para la tirada de esta tarde. Si prefieres mirar antes de decidir, en qué baraja de tarot elegir si empiezas está la diferencia que importa; las barajas, tapetes y cajas de madera están en tarot y adivinación.
Preguntas frecuentes
Setenta y ocho. Veintidós son los arcanos mayores, las figuras con nombre propio que todo el mundo reconoce: el Loco, la Luna, la Rueda de la Fortuna, el Mundo. Las otras cincuenta y seis son los arcanos menores y funcionan como una baraja de cartas corriente: cuatro palos, copas, oros o pentáculos, espadas y bastos, con catorce cartas cada uno, diez numeradas del as al diez y cuatro figuras de corte. Para comparar: una baraja de póquer tiene cincuenta y dos, veintiséis menos.
Se puede comprar, y de hecho es lo más habitual. La idea de que la primera baraja debe ser un regalo es una creencia moderna que circula mucho, pero no aparece en ninguna tradición documentada ni en los textos clásicos del tarot. Tiene un lado práctico, eso sí: quien te la regala suele elegir un diseño que te pega. Si te la compras tú, ganas lo contrario, que es poder mirar las ilustraciones antes y quedarte con las que de verdad te dicen algo.
Una abierta y sobre ti. Las cerradas de sí o no dejan la tirada muerta, porque una imagen no responde eso: preguntas como «¿qué no estoy viendo de esta situación?», «¿qué estoy alimentando sin darme cuenta?» o «¿qué pasaría si dijera que no?» dan mucho más juego. Conviene dejar fuera las de salud, las de dinero serio y las que afectan a otras personas, no porque esté prohibido, sino porque de ahí no sale información y actuar sobre esa respuesta sí tiene consecuencias.
Puedes elegir, y lo importante es decidirlo antes de empezar. Muchas lecturas modernas dan a la carta invertida un sentido distinto, normalmente el mismo significado bloqueado, retrasado o vuelto hacia dentro. Otras tradiciones no usan las inversiones en absoluto y leen siempre la carta en su sentido, fijándose en las que la rodean. Si estás empezando, tiene sentido ignorar las inversiones las primeras semanas: con setenta y ocho imágenes nuevas ya tienes bastante que mirar.
Para hacer una tirada de tres cartas con sentido, una tarde. Para que las imágenes te hablen sin mirar el libro, meses de práctica irregular. El camino que mejor funciona es sencillo: tirada corta, apuntar en una libreta las cartas y una frase de lo que entendiste, y volver a leerlo semanas después. Ese cuaderno enseña más que cualquier curso, porque te enseña tus propios patrones de interpretación, que es lo que acaba dando soltura.
Es la tirada larga más conocida: una decena de cartas dispuestas alrededor de una cruz central, cada una con su posición y su sentido. La popularizó Arthur Edward Waite en The Pictorial Key to the Tarot, de 1910, presentándola como un antiguo método céltico, aunque los historiadores coinciden en que ni es antigua ni céltica; probablemente la aprendió en la orden ocultista a la que pertenecía. Da lecturas detalladas, pero con diez cartas delante y poca práctica lo normal es no saber por dónde entrar.
No hay ninguna evidencia de que lo haga, y conviene decirlo claro. Sí está documentado por qué una lectura genérica parece tan personal: en 1948 el psicólogo Bertram Forer entregó a treinta y nueve alumnos el mismo perfil de personalidad, sacado de un libro de astrología, diciéndoles que era individual; la nota media de exactitud fue de 4,3 sobre 5. Lo que sí hace una tirada es ponerte delante una imagen y obligarte a formular en voz alta lo que ves, que es una manera bastante eficaz de enterarte de lo que piensas.









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