Atado de salvia blanca y cedro para sahumar · 10 cmDisponibilidad: Hay existencias
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El humo de la salvia blanca sola es seco y penetrante, y en casa no convence a cualquiera. Con cedro, el olor gana un fondo de madera. En este atado de 10 x 3 cm y 27 g, las ramitas verdes de cedro cubren casi todo el exterior y la salvia gris asoma por el centro y por uno de los extremos, todo sujeto a mano con hilo blanco.
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La salvia blanca tiene un olor picante que se queda en la habitación, y en un piso pequeño puede cargar. Para eso existen las mezclas. En esta, el cedro domina a la vista: sus ramitas planas, de escamas verdes, envuelven buena parte del atado, y la salvia queda en el corazón. Al encenderlo arden juntas, y el cedro suma una nota de madera al olor herbal de la salvia.
Si prefieres el olor clásico, sin mezcla, el atado de salvia blanca sola tiene el mismo largo. Este es para quien quiere la salvia con otro carácter, o para alternar los dos según el día.
Muchos pueblos indígenas de Norteamérica cuentan la salvia y el cedro entre sus cuatro medicinas sagradas, junto al tabaco y la hierba dulce: la salvia se usa para preparar a las personas antes de una ceremonia, y el cedro, para purificar espacios, también el hogar. No son necesariamente las mismas plantas que lleva este atado, porque cada región usa sus propias especies, y esas enseñanzas se aprenden de los mayores de cada comunidad. Lo que tienes aquí es una mezcla de hierbas para sahumar tu casa con olor a cedro.
Con 27 g es un atado ligero, para recorrer una o dos estancias y apagarlo. Enciende un extremo con el mechero y, en cuanto las hojas prendan, sopla la llama: lo que buscas es que la punta quede roja y humee. Lleva siempre debajo un plato o un soporte de cerámica para atados que recoja la ceniza, y cuando lo dejes, que sea sobre algo plano y firme, nunca sobre madera pintada ni barnizada, lejos de cortinas, y sin salir de la habitación mientras humee. La etiqueta del envoltorio, en inglés, lleva también el pictograma del rombo rojo con signo de exclamación.
Al acabar, clava la punta en arena. Sin humo y ya frío, vuelve a meterlo en su envoltorio de papel; un lugar sin humedad lo conserva bien, porque es la humedad lo que estropea la hoja seca.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
A la vista, el cedro, que cubre casi todo el exterior. En el olor se mezclan: la salvia pone la parte herbal y penetrante, y el cedro, la de madera. Como cada atado se hace a mano, la proporción de cedro y de salvia varía ligeramente.
Son ramitas planas de hoja en escama, de un verde apagado, como las de las coníferas que en el comercio de hierbas se venden como cedro. No es el cedro del Líbano, que tiene agujas, y la especie exacta no consta, así que no le ponemos nombre botánico.
Para un piso pequeño, sí, si haces el recorrido sin detenerte mucho. En una casa grande es mejor hacerlo por partes y en días distintos, porque el atado se apaga y se vuelve a encender.
Un mechero o cerillas, un recipiente que aguante el calor para la ceniza (un plato de cerámica sirve), y algo de arena para apagarlo. Nada de eso viene incluido: el atado llega solo, envuelto en papel.
Mejor con ellos en otra estancia hasta que hayas abierto las ventanas y el aire se haya despejado. Los gatos, en particular, eliminan peor algunos compuestos aromáticos, según los manuales veterinarios.
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