Calentador pequeño de palo santo en teca con mano de Fátima grabadaDisponibilidad: Hay existencias
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La mano de Fátima, o hamsa, se cuelga desde hace siglos en casas del norte de África y de Oriente Próximo para apartar el mal de ojo. Aquí está grabada en una tablilla de teca de 15 cm que además tiene un uso diario: templar un palito de palo santo sobre una vela de té para que suelte su olor sin tener que prenderlo.
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La hamsa es un símbolo de protección que judíos y musulmanes han usado contra el mal de ojo, y hoy se ve igual en la pared de una cocina que colgada del retrovisor de un coche. En la costumbre del sahumerio, el palo santo se quema para despejar el ambiente de la casa; la mano de Fátima se pone para guardarla. Tener los dos juntos tiene sentido para quien ya cuida su casa con esos gestos. El grabado ocupa el centro de la tabla y el interior de la mano está relleno de espirales y volutas, con un trazo que recuerda al de la henna. Si también te gusta llevarla encima, la tienes en una pulsera de mano de Fátima con piedra de lava.
Funciona al revés que una varilla: la llama queda abajo, en el hueco redondo de la vela de té, y el palito descansa en alto sobre los dos alambres negros. Le llega el calor de la vela y, al cabo de un rato, la madera empieza a oler. Si necesitas madera, la bolsa de palo santo de 100 g trae de 10 a 15 palitos.
La base es de teca (Tectona grandis), de un marrón cálido; en esta pieza las vetas oscuras se ven bien marcadas, y no hay dos tablillas con el mismo veteado. Con 6 cm de ancho, se queda en el alféizar de una ventana o en el borde de una estantería donde no cabría un quemador redondo.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Es la hamsa, un amuleto en forma de mano muy extendido en el norte de África y Oriente Próximo como protección contra el mal de ojo. Su nombre árabe, jamsa, quiere decir «cinco», por los dedos.
El calentador de teca con las dos varillas metálicas ya colocadas. La vela de té y el palo santo se compran aparte.
Sí, con la vela dentro de su cápsula de aluminio y el calentador apoyado en una superficie que aguante el calor. Apágala si sales de la habitación y colócalo donde no alcancen los niños. Si en casa hay gatos, mejor que no entren en esa estancia mientras el palito está caliente.
Muy poco, porque el palito no arde: se calienta. Si empieza a ennegrecerse o a humear, está demasiado cerca de la llama; apaga la vela y deja que todo se enfríe antes de tocar las varillas.
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