Colgante de amatista en punta clásica con cadena plateadaDisponibilidad: Hay existencias
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Hay temporadas en las que cuesta decir basta: al trabajo, a los planes, a una misma. La amatista nació como amuleto contra los excesos, y hoy quien cree en los cristales la lleva como recordatorio de medida y de cabeza clara. Esta es la versión con cuerpo: una punta tallada a mano, de violeta intenso con zonas más claras, rematada con un casquillo plateado y con su cadena.
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Es el corte clásico de cristal: un prisma alargado que se estrecha hasta la punta, con la misma anchura que grosor, 3,5 x 1 x 1 cm. Arriba lleva un casquillo con baño de plata y una anilla por la que pasa la cadena. Mirada de lado, la piedra tiene volumen, y la luz entra por las caras y se oscurece hacia el centro.
Es la misma talla que el colgante de cristal de roca en punta, pero en violeta. Si buscas la amatista en una pieza más plana y algo más larga, la tienes en el colgante de amatista en punta plana, de 4 x 1,5 x 0,5 cm.
Los antiguos griegos relacionaban la amatista con el vino, y se creía que llevarla evitaba la embriaguez. Con los siglos, la idea se volvió más amplia: el cristianismo la adoptó como símbolo de renuncia a los bienes terrenales, y muchos obispos y cardenales la llevan todavía en el anillo.
La lectura de hoy en la tradición de los cristales va por el mismo camino: la piedra de la mente despejada y de la serenidad. Por eso tiene sentido para quien está aprendiendo a poner límites, sale de una época de demasiado de todo o quiere algo que le recuerde frenar a tiempo. Es una creencia, y el colgante no hace el trabajo por ti; lo que sí hace es estar ahí cada vez que lo rozas con la mano.
La amatista es cuarzo, y su violeta depende de la cantidad de hierro que contiene, por eso unas zonas salen más intensas que otras. Ese color no aguanta el fuego: calentada a varios cientos de grados se vuelve amarilla o anaranjada, y es habitual que la amatista tratada así se venda como citrino. En casa no llegarás a esas temperaturas, pero es mejor no dejarla junto a un radiador ni muchas horas al sol.
El casquillo y la cadena llevan baño de plata, que se apaga con el agua y el perfume. Para limpiarla, un paño húmedo solo sobre la piedra y sécala antes de guardarla.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Nació como amuleto contra la embriaguez, y hoy la tradición de los cristales la asocia con la serenidad y la mente clara. Hay quien la lleva como recordatorio de medida en una época de excesos.
Porque depende del hierro que contiene, que no se reparte de forma uniforme. Por eso aparecen zonas más oscuras y otras casi lilas, y en tu punta el reparto será otro.
La forma. Esta punta clásica tiene grosor, 3,5 x 1 x 1 cm; la plana mide 4 x 1,5 x 0,5 cm, es más larga y más fina, y queda más pegada a la ropa.
No. El casquillo, la anilla y la cadena de unos 45 cm llevan baño de plata, una capa fina que se desgasta antes si se moja a menudo o se roza con perfume.
Mejor no. El sol fuerte durante horas no le conviene al color, y el agua salada y la arena gastan el baño de la cadena. Guárdala para el resto del día.
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