Colgante de cruz de amatista con cordón ajustableDisponibilidad: Hay existencias
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Una cruz lila en lugar de la de siempre en metal. Está tallada en amatista, la variedad violeta del cuarzo, y cuelga de un cordón negro que se regula deslizando un pasador. Es para quien quiere llevar su fe a diario de una forma sencilla, sin cadena ni medalla, y con el color que la liturgia católica usa en Adviento y Cuaresma.
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Una cruz al cuello habla de fe, de familia o de identidad; esta lo dice sin cadena de oro ni medalla grabada. Cuelga de un cordón de algodón negro que, a la altura del pecho, cambia a un tramo rojo rematado por un par de cuentas rojas sobre la cruz. En la nuca lleva un pasador corredizo: puedes subirla para que asome por el cuello de una camisa o dejarla caer más abajo sobre un jersey.
Frente a la cruz de ágata negra de la misma serie, que es más sobria, en esta el protagonista es el color. Y es un color con historia dentro de la Iglesia.
En la liturgia católica, el morado se usa en Adviento y en Cuaresma, los tiempos que preparan la Navidad y la Pascua, y simboliza la preparación espiritual y la penitencia. La amatista comparte ese imaginario: el cristianismo la tomó como emblema de quien renuncia a lo material, y todavía brilla en el anillo de muchos obispos y cardenales.
Para quien conoce esa tradición, cruz y piedra van en la misma dirección: el morado de la preparación y la piedra de la renuncia.
La amatista es cuarzo, con una dureza de 7 en la escala de Mohs, y debe su violeta al hierro que contiene. Ese color puede repartirse por zonas: en esta cruz se ve un lila suave con nubes blanquecinas, no un violeta intenso y uniforme, y el reparto de los tonos cambia de una cruz a otra.
El GIA avisa de que una luz intensa y prolongada puede apagar el violeta de algunas amatistas, y de que un cambio brusco de temperatura puede llegar a fracturarlas: cuando no la lleves, guárdala a oscuras, dentro del joyero, y lejos de radiadores y estufas. La piedra se limpia con agua tibia y un poco de jabón; el cordón, en cambio, es de algodón, se empapa y tarda en secarse, así que conviene quitarse el collar antes de la ducha o del baño.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Sí: está tallada en una pieza de amatista, la variedad violeta del cuarzo. Se nota en el color, que se reparte en nubes más claras y no se repite igual en dos cruces.
Sí. El cordón es regulable con un pasador deslizante en la nuca: la subes hasta la base del cuello o la dejas sobre el pecho según la prenda, y la cambias de altura cuando quieras.
Encaja muy bien: la amatista es la piedra de nacimiento de febrero, así que la cruz junta dos motivos en un detalle pequeño. Sirve igual para quien vive su fe con sencillez y prefiere una cruz discreta a una medalla.
Es una cruz pequeña: en la foto del busto se ve a escala, colgada a la altura del pecho, y el collar completo, con el cordón, pesa unos 5 g.
La forma y el cordón negro con tramo rojo son los mismos; cambia la piedra. La de ágata es negra y lisa, y esta es lila, con nubes claras y el sentido litúrgico del morado.
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