Colgante de cruz con piedras amarillas facetadas y cadena con baño de plataDisponibilidad: Hay existencias
40,00 €
Si llevas la cruz cada día y te apetece verla con color, esta va cubierta de once piedras facetadas de un amarillo dorado, sujetas una junto a otra sobre una montura con baño de plata. Oro y plata, amarillo y blanco, son también los colores de las llaves de san Pedro. La cadena, también plateada y de 45 cm, llega ya enhebrada.
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Las vestiduras de la misa cambian de color según el tiempo litúrgico, pero en las solemnidades el rito romano permite otras más preciosas aunque no sean del color del día, por ejemplo de tela de oro, de plata o amarilla. Oro y plata son también los metales de las dos llaves de san Pedro, el emblema papal, y de ellos salen el amarillo y el blanco de la bandera del Vaticano.
Esta cruz traslada esa pareja a una joya de diario. Es para quien quiere llevar la cruz como signo de fe con un color cálido en lugar del metal liso.
Es una cruz latina, con el brazo inferior más largo que los otros tres. Las piedras, redondas y de talla facetada, van alineadas sin hueco a lo largo de los dos brazos, cada una sujeta con garras finas. Bajo una luz directa, el amarillo toma tonos de miel y las facetas destellan con cada gesto. Montura y anilla son plateadas, igual que la cadena, que llega puesta.
El amarillo hace de puente entre metales: aunque la cruz sea plateada, convive con un anillo o una pulsera dorados sin que choque. Con ropa de tonos neutros, atrae la mirada antes que nada; con colores fuertes, mejor dejarla sola en el cuello.
Para cuidarla, revisa de vez en cuando las garras: si notas que una piedra baila, deja de llevarla hasta que la ajusten, porque una garra abierta es la que pierde la piedra. Roce y humedad desgastan el baño, así que guárdala sola en una bolsita de tela y sácale brillo con una gamuza seca.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Tienen el tono del citrino, un amarillo de miel claro, aunque sin confirmar que lo sean; por eso aquí las llamamos piedras amarillas. Elige esta cruz por su color, que es el que ves en las fotos.
No. Aquí no hay cuerpo de Cristo: la forma de la cruz la dibujan solo las piedras amarillas, puestas en fila a lo largo de los dos brazos.
Sí, y no solo para Pascua: es una cruz de uso diario, así que encaja igual en un santo, una confirmación o un aniversario de boda.
Sí, llega montada: fina, de 45 cm y con el mismo baño de plata que la cruz, así que las dos piezas combinan sin buscar nada aparte. Ninguna de las dos es plata maciza.
Con una gamuza o un trapo de microfibra, en seco. No uses limpiadores para plata de ley, que atacan el baño; entre las garras, un pincel seco basta para sacar el polvo.
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