Collar de ojo de tigre pulido envuelto en alambre plateadoDisponibilidad: Hay existencias
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Poner orden en el dinero empieza por decidirlo; lo difícil viene después, cuando hay que acordarse cada día. Desde antiguo, el ojo de tigre va unido a la prosperidad y a la cabeza fría para cuidar lo que se tiene. Este está pulido en óvalo, de modo que su franja de luz dorada se desliza cuando te mueves, y lo sujetan hilos de alambre plateado que se abren en abanico. Cadena de unos 50 cm.
Disponibilidad: Hay existencias
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Debajo de su brillo hay cuarzo, y con una historia rara: creció ocupando el lugar de la crocidolita, un mineral de fibras finísimas, y conservó esa estructura, con todas las fibras en paralelo. La limonita le pone los dorados y los marrones. Cuando se pule en cabujón, como esta, la luz rebota en esas fibras y aparece una línea clara y sedosa que se desplaza cuando giras la piedra. En gemología se llama tornasolado, y es el «ojo» del nombre.
Para verlo basta con mover el colgante entre los dedos junto a una ventana: la franja clara cruza el óvalo de un lado a otro. El dibujo de bandas es propio de cada ejemplar, con franjas más anchas o más finas, más miel o más chocolate. Si prefieres el ojo de tigre en un disco redondo con un símbolo encima, el collar Árbol de la Vida con ojo de tigre lo lleva así.
En las guías de piedras figura como amuleto de buena suerte y de prosperidad, con un añadido más práctico: el buen juicio para cuidar lo que ya se tiene. Encaja con momentos muy concretos: el mes en que te pones a ordenar las cuentas, el ahorro para un piso o un viaje, las primeras facturas como autónoma.
Llevado al cuello, funciona como un recordatorio de una decisión que ya has tomado: lo ves cada mañana al vestirte. Si te gusta acompañar tus decisiones con una vela encendida, la vela ritual de ojo de tigre y canela lleva lascas de la misma piedra sobre la cera.
Ningún engaste tapa la piedra. Por delante, varios hilos de alambre plateado salen del extremo inferior del óvalo y suben abriéndose como el varillaje de un abanico, cruzándose entre sí hasta media altura; otro hilo recorre todo el canto. Por detrás bastan tres hilos en diagonal, así que el reverso queda casi entero a la vista. Arriba, el alambre se enrosca en dos pequeños caracoles a los lados de un asa ancha.
Sobre la camiseta negra de las fotos, el colgante cae en el centro del pecho y el dorado se recorta contra el fondo oscuro; con blanco o crudo se ve más cálido y discreto. Alambre y cadena llevan baño de plata sobre cobre, una capa delgada que se desgasta con el sudor y el perfume. Para que dure, quítatelo antes de entrenar y no lo guardes en el cuarto de baño, donde la humedad acelera el desgaste.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Por sus fibras internas, alineadas en una sola dirección. Al pulir la piedra en forma abombada, devuelven la luz en una banda que se mueve cuando giras el colgante. Por ese reflejo se llama ojo de tigre.
La piedra es la misma, pero sin pulir la banda de luz apenas se ve: se notan las capas doradas y marrones y una superficie áspera. Este está pulido, y el reflejo es lo que primero llama la atención.
Para quien sigue las creencias sobre piedras, es un amuleto de prosperidad con un matiz: no se le atribuye atraer dinero, sino el buen juicio para conservar el que ya tienes. Es una creencia, no una promesa; el orden lo pones tú, y el colgante te lo recuerda.
No conviene. El sudor, la sal y el cloro se comen el baño de plata del alambre y de la cadena, y con el ejercicio se puede doblar alguno de los arcos que sujetan la piedra.
Mediano, sin llegar a grande: en la foto apoyado en la mano ocupa el hueco de la palma, y puesto se ve bien desde lejos. El collar entero, con la cadena, pesa unos 20 g.
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