Incienso de ruda con labradorita, varillas de sahumerio hechas a manoDisponibilidad: Hay existencias
| Cantidad | Descuento |
|---|---|
| 3 - 4 | 2,06 € |
| 5 - 9 | 1,95 € |
| 10 + | 1,83 € |
2,29 €
La ruda huele fuerte, a hierba verde y algo acre, y la tradición popular española la ha usado contra el mal de ojo: una rama en la puerta, una cruz de ramitas, un amuleto en el bolsillo. En estas varillas es el aroma, y en la caja la acompaña una bolsita de labradorita, la piedra de reflejos azules que se relaciona con la intuición y con los cambios de etapa.
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Hay temporadas en que algo está a punto de cambiar, un trabajo, una casa, una relación, y apetece un rato a solas para escucharse antes de dar el paso. La labradorita es la piedra que suele elegirse para esos momentos. La literatura sobre cristales la llama «piedra de la magia» y la vincula con la intuición y la transformación, y una leyenda inuit cuenta que cayó del fuego helado de la aurora boreal.
La leyenda sale de cómo es la piedra. La labradorita es un feldespato que toma el nombre de la península del Labrador, en Canadá, y al girarla bajo la luz lanza destellos que van del azul al violeta, a veces verdes o dorados: es la labradorescencia. En trocitos pequeños como los de esta caja el destello aparece solo en algunas caras y con cierto ángulo, y puede que alguno no lo muestre.
En la caja aparece como «arruda», otro de los nombres de la ruda. La composición lleva aceite de ruda, alcanfor y limoneno, con un acorde herbal y un fondo de almizcle, sobre una caña de bambú recubierta a mano de polvo de corteza, cáscara de coco y resina de benjuí. Es un olor limpio y verde, más de huerto que de perfumería: si te gustan los inciensos dulces o florales, este no va por ahí.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Quien trabaja con cristales suele dejar la piedra cerca mientras arde la varilla, o sostenerla un momento para fijar una intención antes de decidir algo. Se le atribuye favorecer la intuición y acompañar los cambios; es una creencia, y lo que sí te llevas seguro es un rato de pausa con un olor que acompaña.
Prende la punta con una llama, espera unos segundos y apágala soplando: la varilla sigue en brasa y va soltando el humo. Clávala en un portaincienso, que no viene incluido, sobre algo que aguante el calor. Para apagarla antes de tiempo, presiona la brasa contra arena.
En una habitación ventilada, lejos de cortinas y papeles, y donde no lleguen niños ni animales. No la dejes encendida si sales. Si los olores fuertes te molestan, prueba primero con un rato corto: la ruda y el alcanfor se notan.
No, va aparte, en una bolsita. Son trocitos de piedra natural, pequeños y de formas distintas: el tamaño y los reflejos cambian de una bolsita a otra.
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Incienso de ruda con labradorita, varillas de sahumerio hechas a manoDisponibilidad: Hay existencias
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