Pendientes largos de cristal lavanda en forma de abanicoDisponibilidad: Hay existencias
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Para quien viste sobre todo tonos fríos y echa de menos algo de color cerca de la cara, el lavanda es una elección sencilla. En estos pendientes largos lo pone el vidrio, en piezas alargadas que se abren en abanico por debajo del lóbulo.
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Cada uno de estos pendientes se lee de arriba abajo. Junto al lóbulo va un pequeño ramillete de tres hojas de vidrio con un pequeño vidrio redondo debajo. De ahí cuelga la parte larga: dos piezas que bajan en forma de V y, bajo ellas, una hilera de vidrios facetados pequeños de la que salen, como las varillas de un abanico, varias piezas alargadas de vidrio lavanda.
El vidrio es lechoso, con un brillo satinado que cambia con la luz y con el ángulo. Por eso el color no es idéntico en todas las fotos: más claro en la foto puesta y más violeta sobre el fondo blanco. Cuenta con un lila suave más que con un morado intenso.
Están hechos de vidrio y acero inoxidable. En las imágenes el metal de la montura se ve dorado, aunque el acabado no está especificado. «Vintage» es el nombre de estilo de esta línea: son pendientes de fabricación actual, hechos en China.
El lavanda es una variante pálida del violeta, cercana al lila y al malva. Los tonos lila se suelen recomendar a las pieles de subtono frío y, en la ropa, se entienden bien con blancos, grises y azules: es una manera de sumar color a la bisutería sin salirse de una paleta fría. Como la montura se ve dorada, combinan con collares o anillos en ese mismo tono.
El peinado cambia mucho cómo se ven unos pendientes largos. Con el pelo recogido o corto quedan a la vista y ganan protagonismo; con la melena suelta interesa que sobresalgan, y en estos la parte ancha del abanico cuelga por debajo de la oreja.
Para ir de invitada a una boda o un bautizo de primavera, el lavanda está entre los tonos que mejor acompañan esas celebraciones, junto al rosa empolvado o el verde menta, y con un vestido sencillo es cuando más lucen unos pendientes largos con brillo.
La colección a la que pertenecen asigna a cada color una ninfa de la mitología griega, y al lavanda le corresponden las Hespérides. En los mitos cuidaban un jardín en el extremo occidental del mundo y se las llamaba «hijas del atardecer»; uno de sus nombres, Héspere, significa precisamente «atardecer». Algunas versiones situaban aquel jardín en Tartessos, en el sur de la península ibérica.
La colección traslada esa imagen al color: lo describe como la última luz del día y lo relaciona con la serenidad. Para alguien aficionado a los mitos griegos, ese nombre puede ser el motivo para elegir este color.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
De vidrio. En España se suele llamar «cristal» al vidrio de bisutería, aunque técnicamente son materiales distintos. No llevan ninguna piedra: el lavanda es el color del propio vidrio, no una amatista.
En las fotos se ven con poste, un cierre para oreja perforada.
Poco: cada pendiente pesa, como mucho, unos 4 g.
El metal es acero inoxidable, pero el tipo de acero no está especificado y no los presentamos como hipoalergénicos, porque la sensibilidad de cada persona varía. Algunos aceros inoxidables contienen níquel, así que, si tienes alergia a algún metal, no podemos garantizarte que no te reaccionen.
Con un paño seco y suave, sin productos de limpieza agresivos, porque el acabado del metal no está especificado. El vidrio es duro pero frágil: lo que más lo pone en riesgo es un golpe o una caída, así que guárdalos por separado, sin que las piezas del abanico rocen con otras joyas.
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