Pulsera ajustable de howlita blanca con cordón azul marinoDisponibilidad: Hay existencias
12,50 €
Blanco y azul marino, la pareja de colores de los jerséis de rayas de siempre. Esta pulsera la reduce a dos materiales: una hilera de howlita blanca, cruzada por vetas grises, y un cordón azul marino torcido que se ciñe con un pasador plateado. Va con el lino del verano y con el vaquero de diario.
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La combinación tiene historia. En 1858, la Marina francesa reglamentó para sus marineros una camisa de punto con 21 rayas blancas y 20 o 21 azul marino, y la leyenda cuenta que cada raya blanca recordaba una victoria de Napoleón. Durante la Primera Guerra Mundial, Coco Chanel se fijó en ella en sus vacaciones en la costa y lanzó en su tienda de Deauville una versión propia, su «estilo marinero».
Aquí la piedra pone el blanco y el cordón, el azul. Con una camiseta de rayas repite el código marinero en pequeño, y con una camisa azul o un vestido blanco completa los dos colores. El pasador plateado combina con anillos y cadenas de plata o de acero. Si te gusta mezclar texturas en la muñeca, combínala con la pulsera de jaspe dálmata con cordón gris sigue en la misma gama fría.
La howlita apareció cerca de Windsor, en Nueva Escocia (Canadá): en 1868, unos mineros de una cantera de yeso avisaron al químico Henry How de un mineral que no sabían identificar. Él lo llamó «silico-boro-calcita» por su composición, un borosilicato de calcio, y fue el mineralogista estadounidense James Dwight Dana quien lo rebautizó con el apellido de su descubridor.
Su color propio es este: blanco, con un dibujo de vetas finas, grises o casi negras, que se cruzan en una red irregular, más marcada en unas cuentas que en otras. Es una piedra porosa y blanda, de 3,5 en la escala de Mohs, y por eso es habitual encontrarla teñida de turquesa. Aquí se queda en su blanco. Esa misma porosidad hace que absorba crema, sudor o perfume, así que conviene ponérsela con la crema ya absorbida.
El cierre es un pasador redondo, bañado en plata 925, con una hoja en relieve, por el que corren las dos puntas del cordón. Moviéndolo, la vuelta se estrecha o se ensancha sin broche ni nudos, y abierta del todo pasa por la mano. Las puntas quedan sueltas, rematadas con dos casquillos plateados.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
No. «Turquesa blanca» o «white buffalo» son nombres comerciales que a veces se dan a la howlita, pero la turquesa es otro mineral. Estas cuentas son howlita, con su blanco y sus vetas grises.
Sí, pero mejor en la otra muñeca. Con un 3,5 de dureza, la howlita es más blanda que el acero, y el roce con la caja o con una correa de metal acaba marcando las cuentas.
Pueden coger tono si absorben a menudo crema, sudor o perfume, porque la howlita es porosa. Quítatela antes de un baño en el mar o en la piscina, y límpiala con un trapo suave apenas humedecido.
En cristaloterapia figura entre las piedras de la serenidad y la paciencia. Con esa lectura, el blanco de las cuentas se lleva como una pausa visible en la muñeca; nosotros no le atribuimos ningún efecto.
No: lleva un baño de plata 925 sobre otro metal. Lo primero que se gasta son los cantos del pasador, que es lo que más roza; quitártela para dormir y antes del agua lo alarga.
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