Quemador de incienso de reflujo, mano con flor de loto en cerámica negraDisponibilidad: Hay existencias
7,50 €
Para ver de cerca cómo baja el humo de un cono de reflujo no hace falta una fuente grande. Este quemador de cerámica negra brillante es una mano que sostiene un capullo de loto: el cono se apoya en lo alto de la flor y el humo cae siguiendo el tallo hasta un plato con forma de pétalos. Los conos se compran aparte.
Disponibilidad: Hay existencias
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La figura se entiende de un vistazo: una mano con los dedos hacia arriba sujeta el tallo de una flor de loto que todavía no se ha abierto. El tallo baja ondulado por la palma hasta un plato bajo de bordes lobulados, sobre el que se apoya toda la pieza. El esmalte es negro y brillante, con reflejos rojizos donde la luz da de lleno, y sobre ese fondo oscuro el humo blanco destaca mucho más que sobre una cerámica clara.
En el hinduismo y en el budismo el loto es una flor sagrada. La tradición budista la usa como alegoría del camino de cada persona: nace en el fango de una charca, crece y acaba abriéndose limpia sobre el agua. La mano que la sujeta recuerda además a Padmapani, «el del loto en la mano», uno de los nombres del bodhisattva Avalokiteshvara, al que la iconografía suele representar con la flor entre los dedos. En un rincón de meditación o junto a una figura de Buda encaja con naturalidad, y en una mesa sin ninguna intención espiritual funciona como lo que también es, una pequeña escultura negra.
En lo alto de la flor hay un orificio, y encima va un cono de reflujo. No es un cono corriente: está hueco por dentro y suelta el humo por la base. Al arder, ese humo entra por el capullo, sale junto al tallo y desciende pegado a la cerámica hasta extenderse por el plato, donde se queda un rato antes de disiparse.
Si es tu primer quemador de este tipo, la caja de 10 conos de reflujo de palo santo sirve para estrenarlo. Ten en cuenta que cualquier corriente rompe el hilo de humo: con la ventana abierta o el ventilador en marcha, la cascada se deshace antes de llegar abajo.
Con 7,7 x 7,7 x 6 cm y 110 g es una pieza pequeña y ligera, fácil de tirar con el codo, así que conviene pensar bien dónde va mientras arde. Busca una superficie plana y estable, y pon debajo un salvamanteles que aguante el calor: el humo de reflujo puede marcar la madera barnizada, la pintura y los acabados pulidos. Que no tenga cerca cortinas, papeles ni libros, ni una balda justo encima. Enciende un solo cono cada vez, no salgas de la habitación mientras se consume y déjalo donde no lleguen los niños.
Cuando el cono se haya apagado y la cerámica esté fría, vacía la ceniza del plato y pasa un paño húmedo por el esmalte.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
No, recibes solo el quemador de cerámica. El cono amarillo de la segunda foto está puesto para enseñar el efecto; los conos de reflujo se compran aparte, en caja.
Arden igual, pero su humo sube como en cualquier platillo. Para que caiga por el tallo hace falta un cono de reflujo, el que tiene un agujero en la base.
Casi siempre es una corriente de aire: una ventana, el aire acondicionado o alguien que pasa al lado. Prueba en un rincón resguardado y espera a que la punta del cono brille antes de apagar la llama.
El humo del incienso lleva aceites aromáticos, y los gatos metabolizan peor algunos de estos compuestos que las personas. Mejor que esté en otra habitación mientras arde el cono, y ventila al terminar.
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