Péndulo de los chakras con siete piedras rodadas y cadena plateadaDisponibilidad: Hay existencias
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Siete piedras pulidas, una encima de otra, como esas torres de cantos que alguien deja junto a un río. Así es este péndulo de los chakras: sin punta ni facetas, cada piedra conserva la forma redondeada que le ha dejado el pulido, y por eso no hay dos iguales. Está pensado para quien medita o practica yoga y quiere tener los siete centros en la mano, o a la vista junto a la esterilla.
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Una piedra rodada se pule dando vueltas: se mete con otras en un tambor giratorio con arena abrasiva y agua, y a lo largo de varias semanas va perdiendo las aristas hasta quedar lisa, brillante y redondeada. Por eso las siete de este péndulo son distintas entre sí, unas más planas y otras casi esféricas, y la columna que forman tiene un perfil irregular y un tacto suave.
Arriba va la violeta, junto a la anilla; debajo, una azul grisácea con motas, una blanca lechosa, una verde pálida, una marrón con reflejos dorados, una roja de tono teja y, en la base, una negra. Al ser piedra pulida, el color, el tamaño y el dibujo de cada una cambian de un péndulo a otro: el tuyo tendrá el mismo orden de colores, pero no será una copia exacta de la foto.
La versión de los chakras que se ha popularizado en Occidente cuenta siete centros de energía, de la coronilla a la base de la columna, y les asigna los colores del arcoíris. Este péndulo sigue ese orden de arriba abajo, pero con tonos más terrosos: no hay naranja ni amarillo, y en su lugar aparecen el blanco, el marrón y el negro, un color que en la tradición de los cristales también se asocia al chakra raíz. Se llama Almas que se Alinean, por la idea central de ese trabajo: poner en orden los siete centros. Si prefieres el arcoíris exacto, en franjas y con punta, lo tienes en el péndulo de siete franjas en cono.
Para usarlo, sujeta la cadena con dos dedos y deja la columna quieta sobre la palma de la otra mano. Cuando empiece a mecerse, recuerda lo que ya comprobaba el químico Michel Chevreul en el siglo XIX: ese movimiento lo producen músculos que se contraen sin que lo decidas. Lo que ves oscilar sale de ti, y ahí está la gracia de dedicarle unos minutos en silencio. El resto del tiempo, colgado junto a la esterilla, es un adorno de color.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Siete piedras distintas, una por chakra, ordenadas por color. El mineral de cada una no se especifica, y a ojo no se puede asegurar: un canto verde pálido puede ser de varias piedras diferentes. Por eso aquí las describimos por su color y no les ponemos un nombre que no podemos garantizar.
En la forma y en cómo se mueve. Un péndulo de punta concentra el peso abajo y marca con claridad la dirección del vaivén; esta columna de piedras redondeadas oscila con más suavidad. Hay quien lo prefiere para meditar y quien lo quiere, sobre todo, para tenerlo colgado a la vista.
Colgado de un gancho o en una bolsita propia, sin amontonarlo con otros péndulos: las piedras pulidas pueden desconcharse si chocan entre sí o caen sobre un suelo duro. Si pierde brillo, un paño suave y seco es suficiente.
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