Pendientes de hada lavanda con caída de hojas de vidrioDisponibilidad: Hay existencias
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Un brillo violeta pegado al lóbulo y, colgando de él, un ramillete de siete hojas de vidrio lavanda que se mueve con cada giro de cabeza. Así es este pendiente de hada de 5 cm, a medio camino entre una pluma y una rama, pensado para quien no ha dejado del todo los cuentos, aunque sea medio en broma.
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En julio de 1917, en el pueblo inglés de Cottingley, Elsie Wright, de 16 años, fotografió a su prima Frances Griffiths, de 9, junto a un grupo de hadas que bailaban al lado del arroyo. En 1920, Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes, las publicó en The Strand Magazine convencido de que eran una prueba de lo sobrenatural. Las primas no lo confesaron hasta 1983: las hadas eran recortes de cartulina copiados de un libro infantil y sujetos con alfileres de sombrero.
La historia explica bien por qué gustan tanto los objetos de hadas: no hace falta creer, basta con querer que existan. Este pendiente juega en ese terreno con muy poco. No dibuja ninguna figura, solo una rama de hojas finas, casi un ala, que cuelga de un solo brillo, y el resto lo pone quien lo mira.
En el poste va engastado un brillo redondo de vidrio violeta, transparente y facetado: es la parte más intensa de la pieza. De su anilla cuelga la caída, siete hojas alargadas de vidrio lechoso en pares escalonados que terminan en una sola, de un lavanda más suave. Como no va soldada al poste, se balancea un poco al andar, y en ese vaivén las facetas sueltan reflejos.
Con 5 cm, queda por debajo del lóbulo sin llegar a la mandíbula. Abierto en abanico y en una pieza más ancha, este lavanda está también en nuestros pendientes largos de cristal lavanda.
Las Hespérides, las ninfas del atardecer, cuidaban un jardín en el extremo occidental del mundo. En él crecían las manzanas de oro, vigiladas por Ladón, un dragón que nunca dormía, y robarlas fue el undécimo trabajo de Heracles. Lo resolvió con astucia: convenció a Atlas para que fuera él a cogerlas mientras le sostenía el cielo.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Ninguna. El violeta del brillo y el lavanda de las hojas son colores del vidrio, montado sobre acero inoxidable.
La caída sí: cuelga de una anilla bajo el brillo del poste y se balancea un poco al andar o al girar la cabeza. El poste queda fijo en el lóbulo.
Las hojas no tienen salientes que se enganchen; lo que puede trabarse es la anilla si te pasas un jersey por la cabeza con ellos puestos. Mejor ponértelos después de vestirte.
Sí, y llegan listos para darlos: el par va sujeto a un cartón ilustrado con lazo negro y un texto breve en inglés sobre las Hespérides.
Lo que antes se gasta es el tono dorado de la montura: por eso conviene no dormir con ellos ni echarte crema o colonia con ellos puestos. Las hojas, de vidrio, solo necesitan que les quites el polvo.
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Pendientes de hada lavanda con caída de hojas de vidrioDisponibilidad: Hay existencias
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