Pulsera de cuarzo rosa pálido facetado y cuentas magnéticasDisponibilidad: Hay existencias
11,95 €
Tras un desengaño, o cuando por fin te apetece volver a conocer a alguien, el cuarzo rosa es la piedra a la que la cristaloterapia atribuye el amor y la apertura del corazón. Aquí ocupa media pulsera, en cuentas facetadas de un rosa muy pálido, casi blanco; la otra media son cuentas lisas de gris metálico con imán.
Disponibilidad: Hay existencias
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Al cuarzo rosa se le llama «la piedra del amor», y la tradición le atribuye templar las emociones y ayudar a dejar atrás el enfado y la decepción. En la cristaloterapia actual se lleva para abrirse a una relación nueva o para cuidar la que ya existe. Llevarlo en la muñeca es una manera discreta de llevar contigo ese deseo a una primera cita, a un reencuentro o al principio de una etapa en la que vuelves a tener ganas de enamorarte.
Su historia es larga: en la antigua Mesopotamia se han encontrado cuentas de cuarzo rosa de hacia el año 7000 a. C., los asirios ya hacían joyas con él y los romanos lo tallaban como sello.
Antes de pedirla, mira bien el color. El cuarzo rosa va del rosa muy claro, casi blanco, a un rosa medio, y el de esta pulsera está en el extremo más pálido: de cerca se distinguen hilos y motas rosadas; a un palmo, la cuenta se ve casi blanca. Es un cuarzo translúcido, algo turbio por las diminutas inclusiones que lleva dentro, y tiene una dureza de 7 en la escala de Mohs. Si buscas un rosa chicle, no es este; si te gustan los tonos empolvados, que acompañan sin llamar la atención, sí.
El tallado en facetas da vida a un tono tan delicado: cada cara recoge la luz desde un ángulo distinto y la cuenta brilla al mover la mano, cosa que una cuenta lisa del mismo color no hace.
La otra mitad son cuentas redondas de brillo metálico, imantadas: se atraen entre sí y se quedan pegadas a cualquier objeto de hierro. Ese gris enmarca el rosa y evita que la pieza quede demasiado dulce, así que va igual con un vestido de flores que con vaqueros y jersey. Va sobre elástico, sin cierre, y mide unos 7 cm de diámetro, con cuentas de unos 7 mm. Si prefieres la misma piedra en cuentas lisas y con nudo ajustable, mira la pulsera de cuarzo rosa con cordón burdeos.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
En la cristaloterapia se asocia con el amor: con abrirse a una relación nueva, con la ternura en pareja y con hacer las paces después de un desengaño. Hay quien se la pone antes de una cita y quien la regala en un aniversario.
Porque el cuarzo rosa rara vez es intenso: su color va del rosa casi blanco al rosa medio, y estas cuentas son de las pálidas. Cada una tiene su matiz, así que la tuya puede salir un punto más o menos rosada.
Quien lleve marcapasos o un desfibrilador implantado: la mitad gris es magnética, y la American Heart Association recomienda mantener los imanes alejados de esos dispositivos.
Sí, por lo que la tradición asocia al cuarzo rosa encaja como detalle de aniversario o de San Valentín. Como es elástica no hay cierre que ajustar; si su muñeca es ancha, compárala antes con una pulsera suya de unos 7 cm de diámetro.
Con un paño suave, seco o apenas humedecido. Evita sumergirla: al cuarzo no le pasa nada, pero el agua puede deslucir el metal de los separadores y las cuentas grises, y acaba cansando el elástico.
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