Árbol de cornalina de 80 piedras con base de piedra pintada a manoDisponibilidad: Hay existencias
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Naranja, rojo teja y algún trocito casi melocotón: este árbol pone en la mesa de trabajo el color de un otoño encendido. Lleva ochenta lascas de cornalina en ramas de alambre dorado, sobre una base de piedra lila con una flor amarilla pintada a mano, y mide unos 15,5 cm. Para el escritorio donde se dibuja, se escribe o se monta ese proyecto que lleva meses en la cabeza.
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La cornalina es una variedad de calcedonia que debe su color rojizo al óxido de hierro. Los egipcios la engastaron en la máscara funeraria de Tutankamón, y los romanos la preferían para los anillos de sello: la cera caliente no se pegaba a ella, así que el dibujo grabado salía limpio en cada carta.
La cornalina es traslúcida, y a contraluz las lascas más finas dejan pasar la luz y se aclaran hasta un naranja casi melocotón.
En la tradición de los cristales, a la cornalina se le atribuyen la motivación, la creatividad y el impulso para pasar a la acción. Quien comparte esa idea la pone donde trabaja con las manos o con la cabeza: junto a la pantalla, en el taller o en la estantería de los cuadernos. Quien no, tiene un adorno cálido que rompe el gris de una mesa de oficina, y que no se marchita.
Como todos estos árboles, está hecho a mano en la India: los alambres, con su lasca en la punta, se reúnen en ramas y se trenzan en el tronco y la base es una piedra sin pulir, con la flor pintada a pincel. Si quieres acompañarlo con otra piedra en bruto o pulida, en cristales y minerales hay más para la misma mesa.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Es cornalina. Con esta piedra es habitual avivar el rojo con calor, una práctica muy antigua, así que el tono de estas lascas puede no ser exactamente el que tenían al salir de la roca.
Cogiéndolo siempre por la base, nunca por el tronco ni por las ramas. Así no fuerzas las uniones de alambre.
En la tradición de los cristales, la motivación, la creatividad y el impulso de pasar a la acción. Por eso hay quien la pone a la vista en el sitio donde trabaja; si no lo sigues, es un adorno de color para el escritorio.
Mejor no. Una brocha suave o un pincel entre las ramas quita el polvo sin mojar el alambre.
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