Difusor de cristales El Sol con sodalita y flores secasDisponibilidad: Hay existencias
18,14 €
Una vela no se puede dejar encendida al salir de casa; este difusor, en cambio, sigue perfumando mientras no estás. Con unas gotas de aceite sobre las piedras, la entrada huele bien cuando vuelves. Lleva sodalita en bruto, azul con motas blancas, y flores secas amarillas y azules en un tarro de vidrio verde, dentro de una caja azul con el nombre de El Sol.
Disponibilidad: Hay existencias
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Un recibidor, un pasillo o la estantería junto a la puerta son los rincones donde menos se para uno y donde más se nota el olor al entrar. Ahí una vela tiene poco sentido, porque nadie se queda a vigilarla. Con este tarro basta un gesto antes de salir: unas gotas de aceite de fragancia sobre la sodalita, y el aroma se va soltando solo, sin calor. Cuando baje, repites.
Ponlo sobre una superficie que no sufra si cae alguna gota y fuera del alcance de niños y mascotas; las indicaciones de uso son las de la etiqueta de tu aceite.
La sodalita es un mineral azul que debe su nombre al sodio que contiene. Se describió por primera vez en 1811, en Groenlandia, y recuerda al lapislázuli, aunque rara vez lleva sus puntitos dorados de pirita. Lo habitual es que el azul venga cruzado de blanco, y en estas piezas en bruto el blanco gana terreno: son motas azules sobre fondo claro. Las acompaña algún fragmento translúcido de tono crema, y las flores ponen un amarillo intenso y un azul a juego. Cada pieza es única: la tuya no será la de la foto.
La caja lleva El Sol, el arcano XIX del tarot, la carta de la alegría y de las cosas que salen bien. A la sodalita, la tradición de los cristales le atribuye la claridad y la comunicación. El mismo arcano tiene versión con llama en la vela Sol con citrino y sodalita, que huele a cítricos y a té verde.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Sí. No tiene llama, ni resistencia, ni enchufe: es un tarro con piedras y flores, y el aceite se evapora solo.
La luz directa y continuada acaba apagando cualquier flor seca. Si el recibidor recibe sol de tarde, colócalo en la parte más resguardada.
Sodalita en bruto, azul con motas blancas, y algún fragmento claro de tono crema que completa la composición. Todo va suelto y sin pulir.
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