Pulsera de hilo rojo ajustable con lava y los siete chakrasDisponibilidad: Hay existencias
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Un hilo rojo en la muñeca significa cosas distintas según a quién se le pregunte: en la costumbre judía popular se lleva contra el mal de ojo, y en la leyenda china une a quienes están destinados a encontrarse. Aquí el rojo es un cordón trenzado que se ajusta con un pasador dorado, junto a cuentas de lava negra y siete de los colores de los chakras.
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En la costumbre judía popular, asociada a la cábala, un hilo fino de color escarlata se lleva en la muñeca como talismán contra el mal de ojo. Muchos de los que se venden a los peregrinos se enrollan antes siete veces alrededor de la tumba de Raquel, en Belén, y como precedente se suele citar el hilo escarlata que la partera ata a la mano de Zérah en el Génesis. La moda que lo extendió por todo el mundo llegó a finales de los noventa, con el Kabbalah Centre.
En China, la leyenda dice que Yue Lao, el anciano de la luna que se encarga de los matrimonios, ata con un hilo rojo invisible los tobillos de quienes están destinados a encontrarse; en Japón, el hilo va en el meñique. Puede estirarse o enredarse, pero no romperse. Si la regalas a tu pareja o a una amiga con esa idea, puedes quedarte otra igual.
La mitad de la vuelta es cordón rojo trenzado; la otra mitad, una hilera de cuentas. Casi todas son de piedra de lava, la roca que deja el magma al enfriarse: negras, mates y llenas de poros diminutos. En el centro, siete cuentas de colores van del rojo anaranjado al violeta, siguiendo la escala con que hoy se representan los siete chakras, de la base de la columna a la coronilla. Si prefieres esta misma combinación en una pulsera elástica, sin pasador, está la de Buda y cuentas de los chakras.
El dorado se limita al pasador redondo grabado, los remates de las puntas y una bolita a cada lado de las cuentas. El pasador tiene un baño de oro de 18 quilates, una capa fina de oro sobre otro metal. Es lo que sirve de cierre: los dos extremos del cordón lo atraviesan, y al deslizarlo la pulsera se ciñe o se afloja para sacarla por la mano. A diferencia de un hilo atado con nudo, esta se quita y se pone cuando quieras.
Con tanto color, si la llevas con otras lo más sencillo es elegir una como protagonista y que sea esta, con pulseras lisas o de un solo color al lado.
Quítatela para la ducha, la piscina o el mar: el cordón se empapa y el baño del pasador se gasta antes con la humedad y el roce. Por sus poros, la lava retiene lo que le cae encima; si una cuenta se mancha de crema, pásale un paño apenas húmedo sin mojar el cordón.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Las cuentas negras son de piedra de lava, una roca volcánica porosa; por eso tienen ese acabado mate y lleno de huecos. Las siete de colores también son de piedra, cada una de un tono de la escala de los chakras. Al ser piedra, el color y las marcas cambian un poco de una pulsera a otra.
No tiene talla fija: se ajusta deslizando el pasador, hasta dejarla ceñida o más holgada. Una vez ajustada, los extremos del cordón quedan sueltos junto al pasador.
En la costumbre judía popular, en la izquierda. La leyenda del hilo rojo del destino no habla de muñecas (en China lo ata al tobillo y en Japón, al meñique), así que, si no sigues esa costumbre, llévala en la que te resulte más cómoda.
Es la creencia que acompaña al hilo rojo en esa tradición, y ni siquiera dentro del judaísmo hubo acuerdo: la Tosefta recoge la opinión de un rabino que lo consideraba una superstición prohibida y la de otro que no. La vendemos como joya, sin atribuirle ningún efecto.
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