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        Las fases de la luna: qué se hace en cada una y qué dice la astronomía

        Las fases de la luna se completan en 29,53 días. Ese número, el mes sinódico, es la razón de que casi todos los calendarios antiguos se midieran por lunas y de que todavía hoy mucha gente organice sus semanas mirando al cielo. Lo que sigue es el ciclo entero, fase por fase, con lo que la costumbre asocia a cada una y lo que la astronomía puede decir al respecto.

        Ocho fases, no cuatro

        Las principales son cuatro: luna nueva, cuarto creciente, luna llena y cuarto menguante. Entre ellas hay otras cuatro intermedias: creciente cóncava, gibosa creciente, gibosa menguante y menguante cóncava. Cada uno de los cuatro tramos entre fases principales dura unos siete días y medio. El ciclo completo, el mes sinódico, es de 29,53 días de media, y conviene el «de media»: la duración real varía casi medio día de un mes a otro.

        La fase no tiene nada que ver con la sombra de la Tierra, que es lo que mucha gente cree: es simplemente qué parte de la mitad iluminada de la Luna nos queda de cara. La sombra de la Tierra solo entra en juego en un eclipse.

        Luna nueva: lo que empieza

        No se ve, porque su cara iluminada mira al Sol. Es la fase que la tradición asocia a empezar: proponerse algo, plantar, escribir la lista. Si sigues el ciclo, es el momento de decidir qué quieres mirar durante las próximas cuatro semanas, y es la mejor noche del mes para ver estrellas, porque no hay luz lunar que las apague.

        Caja negra de incienso con fases lunares abierta, con varillas y soporte redondo de cerámica naranja

        Para marcar el inicio del cicloIncienso para rituales de luna Tribal Soul, con soporte de cerámicaVarillas de incienso para rituales de luna, con su soporte de cerámica incluido. Dos euros, y sirven para señalar el momento sin montar nada más.Ver el incienso →

        Creciente: lo que se construye

        La Luna aparece como una uña fina al atardecer y va engordando. Es el tramo largo del ciclo: dos semanas desde la luna nueva hasta la llena, donde caben la creciente fina y la gibosa. La costumbre lo asocia al trabajo sostenido, el que de verdad cuesta: lo que empezaste en luna nueva, ahora toca mantenerlo.

        Luna llena: lo que se ve entero

        La más fotografiada y la más rodeada de creencias. La tradición la asocia a culminar, celebrar y también a soltar: mucha gente aprovecha esta noche para cerrar cosas. Es cuando mucha gente saca las piedras a la ventana, «carga» los péndulos y hace las tiradas largas; son gestos simbólicos, sin efecto físico conocido, y funcionan como señal de que esa noche es distinta.

        Dos datos que vale la pena tener claros. El primero: la Luna no es más grande cuando está en el horizonte. Su tamaño aparente es constante, y en el horizonte está en realidad un 1,5 % más lejos de nosotros que en lo alto del cielo. Compruébalo tapándola con una piedra pequeña a la distancia del brazo, arriba y abajo: ocupa lo mismo. Por qué nuestro cerebro la ve mayor sigue sin tener una explicación consensuada, que es lo bonito del asunto.

        El segundo: la superluna existe, aunque no sea un término astronómico oficial. Es la luna llena que coincide con el perigeo, el punto más cercano de su órbita, que según el mes queda entre los 357.000 y los 370.000 kilómetros. Puede verse hasta un 14 % más grande y un 30 % más brillante que la llena más pequeña del año, aunque a ojo la diferencia es difícil de notar si no las comparas en fotos.

        Para la noche de luna llenaDifusor de cristales La Luna con amatista y flores secasTarro de vidrio verde con amatistas en bruto y flores secas. Se ponen unas gotas de aceite sobre las piedras y perfuma sin fuego (el aceite va aparte); el resto del mes queda bien en la estantería. 18,14 €.Ver el difusor

        Tarro de vidrio verde con amatistas en bruto y flores secas violetas y granates

        Menguante: lo que se va

        La Luna adelgaza y sale cada vez más tarde. La costumbre la asocia a quitar en lugar de poner: ordenar, cerrar, terminar lo pendiente, revisar lo que no salió. Es también la fase en la que mucha gente sahúma la casa, y tiene su lógica práctica: coincide con el final del ciclo y funciona como señal de limpieza.

        Cómo saber en qué fase estás sin mirar el móvil

        Hay un truco que funciona en el hemisferio norte y que se aprende en un minuto. Si la parte iluminada dibuja una D, está creciendo; si dibuja una C, está menguando. La regla mnemotécnica es que la Luna es mentirosa: parece una C cuando decrece y una D cuando crece, justo al revés de lo que sugieren las letras.

        El otro indicio es la hora. La luna nueva sale y se pone con el Sol, así que no la verás; la creciente aparece por la tarde y se pone a medianoche; la llena sale al atardecer y está toda la noche; y la menguante sale de madrugada y se queda visible por la mañana. Si te encuentras la Luna en el cielo a las nueve de la mañana, está menguando.

        ¿Y la Luna influye de verdad?

        En las mareas, sí, y de forma espectacular. En el comportamiento humano, los estudios dicen que no. Un metaanálisis clásico de 1985 revisó 37 trabajos sobre fases lunares y conducta y no encontró ninguna correlación significativa; una revisión posterior de parte de esos estudios halló que casi la mitad contenían errores estadísticos. Con los partos, el estudio más grande que existe analizó 38,7 millones de nacimientos en Francia a lo largo de cincuenta años: encontró un aumento en luna llena tan pequeño que, siendo estadísticamente detectable con esa cantidad de datos, es imperceptible en cualquier maternidad. Con el sueño, los resultados son mixtos y los efectos, pequeños.

        La sensación de que la luna llena «altera» suele venir de algo muy humano: recordamos las noches raras que coincidieron con luna llena y olvidamos las que no.

        Eso no quita valor a seguir el ciclo. Un calendario sirve aunque no tenga poderes. Dividir el mes en cuatro tiempos —empezar, sostener, celebrar, soltar— es una forma tan buena como cualquier otra de no dejar que las semanas pasen todas iguales, y tiene la ventaja de que la señal está en el cielo y no en una aplicación.

        Si quieres acompañarlo con algo, lo que más se usa estas noches está en velas rituales y cristales y minerales, y si el ciclo lo llevas al tarot, en cómo hacer tu primera tirada contamos por dónde empezar.

        Preguntas frecuentes

        Ocho en total: cuatro principales, que son luna nueva, cuarto creciente, luna llena y cuarto menguante, y cuatro intermedias entre ellas, las crecientes y las gibosas, que duran unos siete días y medio cada una. El ciclo completo, el mes sinódico, es de 29,53 días de media. Ese «de media» importa, porque la duración real varía hasta casi medio día de un mes a otro según la posición de la órbita. Por eso los calendarios lunares antiguos necesitaban ajustes periódicos.

        Porque nuestro cerebro la interpreta así, no porque lo esté. Su tamaño aparente es constante durante toda la noche, y en el horizonte está incluso un 1,5 % más lejos de nosotros que en lo alto del cielo. Puedes comprobarlo tapándola con una piedra pequeña sostenida con el brazo estirado, primero cuando sale y después cuando está arriba: ocupa lo mismo. Lo curioso es que no hay consenso científico sobre la causa de esta ilusión; se han propuesto varias explicaciones y ninguna se ha impuesto.

        La luna llena que coincide con el perigeo, el punto de su órbita más cercano a la Tierra, a unos 363.300 kilómetros. No es un término astronómico oficial, sino una etiqueta popular que se ha extendido. Puede verse hasta un 14 % más grande y un 30 % más brillante que la luna llena más pequeña del año, la que ocurre en el punto más lejano. Dicho esto, a simple vista la diferencia es difícil de apreciar: se nota de verdad cuando comparas fotografías tomadas con el mismo objetivo.

        Los estudios dicen que no de forma consistente. Un metaanálisis de 1985 revisó treinta y siete trabajos sobre fases lunares y conducta humana sin encontrar correlación significativa, y una revisión posterior halló errores estadísticos en casi la mitad de los que sí afirmaban haberla encontrado. Con los partos, el mayor estudio existente analizó 38,7 millones de nacimientos en Francia y halló un aumento tan pequeño en luna llena que resulta imperceptible en cualquier maternidad. Con el sueño los resultados son mixtos y los efectos, pequeños.

        Según la costumbre, cada fase tiene su tarea. La luna nueva se asocia a empezar: proponerse algo, escribir la lista, decidir qué vas a mirar las próximas cuatro semanas. La fase creciente, a sostener ese trabajo durante dos semanas. La llena, a culminar y también a soltar, que es cuando se hacen las tiradas largas y se sacan las piedras a la ventana. Y la menguante, a quitar en lugar de poner: ordenar, cerrar, revisar. Funciona como calendario aunque no le atribuyas ningún poder.

        Porque su cara iluminada está mirando al Sol y no a nosotros. Las fases no tienen nada que ver con la sombra de la Tierra, que es lo que mucha gente supone: dependen únicamente de qué parte de la mitad iluminada de la Luna nos queda de frente según su posición en la órbita. La sombra de la Tierra solo entra en juego en los eclipses lunares. Como efecto práctico, la noche de luna nueva es la mejor del mes para mirar estrellas: no hay luz lunar que apague el cielo.

        No hace falta, y nadie tiene por qué seguirlo. Lo que aporta es otra cosa: es el único calendario que se ve desde la ventana. Antes de que existieran los almanaques impresos, la luna era la forma natural de contar el tiempo, y de ahí vienen la palabra «mes» y buena parte de las fiestas que todavía celebramos. Hoy sigue aportando algo práctico: divide las semanas en cuatro tiempos con nombre, empezar, sostener, celebrar y soltar, y los marca con una señal exterior que no depende de una aplicación ni de que te acuerdes. No necesita tener poderes para ser útil.

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