Árbol de amatista de 80 piedras con base de jaspe pintada a manoDisponibilidad: Hay existencias
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Ochenta lascas de amatista atadas una a una a ramas de alambre dorado y plantadas en un trozo de jaspe con una flor pintada a mano: un árbol violeta al que das forma con los dedos. Mide unos 15,5 cm de alto, lo justo para la mesilla, la estantería del dormitorio o ese rincón del escritorio que se ve desde la silla.
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Cada trocito de amatista va enrollado en la punta de un alambre fino. Los alambres se agrupan en ramas, las ramas se trenzan en un tronco y el tronco se clava en la base, que es un trozo de jaspe sin pulir con una flor roja y unas hojas verdes pintadas a mano en el frente. Todo el trabajo se hace a mano en la India, y se nota: ninguna rama sale igual que la de al lado.
Las ramas no quedan fijas. Puedes abrirlas para que la copa se vea más redonda, inclinar alguna hacia la luz o cerrarlas si el árbol va en un estante estrecho. Sujeta siempre el alambre y no la piedra, y no dobles muchas veces el mismo punto.
La amatista es la variedad violeta del cuarzo. Su nombre viene del griego amethystos, «no ebrio», porque en la Antigüedad se creía que protegía de la borrachera, y es la piedra natal de febrero. En lascas pequeñas como estas el color se reparte a su manera: unas salen de un morado intenso, otras casi lilas y alguna con zonas blanquecinas, y por eso la copa no se ve plana sino con relieve.
Con sol directo muchas horas al día, el violeta de la amatista puede aclararse con el tiempo. Mejor una mesilla o una estantería que el alféizar de una ventana orientada al sur.
En el feng shui, el árbol representa el crecimiento, y a la amatista se la relaciona con la calma; por eso hay quien coloca un árbol como este en el dormitorio, o en el rincón de la casa que esa tradición dedica a la prosperidad. Si te atrae la idea de un rincón violeta, se completa bien con un cuenco de amatista en bruto al lado. Y si solo te gusta el color, es un adorno violeta que se queda igual de bonito en una balda sin sol.
Evita el agua, los perfumes y las cremas. Guárdala en su bolsita cuando no la lleves y límpiala con un paño seco y suave. Guía de cuidados →
Puede llegar algo recogido por el viaje. Ábrelo con calma, rama a rama, sujetando el alambre cerca del tronco; en un par de minutos recupera la copa.
Con una brocha de maquillaje limpia o un pincel suave, pasando entre las ramas. No lo mojes ni lo sumerjas: el alambre y las uniones no lo agradecen.
En el dormitorio o en el rincón que esa tradición dedica a la prosperidad, porque une el árbol, símbolo de crecimiento, con una piedra que se asocia a la calma. Si no lo sigues, es simplemente un adorno violeta para la mesilla.
Muy parecido, pero no idéntico: la flor de la base está pintada a mano y las lascas cambian de tono de un árbol a otro, así que el tuyo tendrá otro reparto de violetas.
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